OCEÁNICOS 3 de 3

ESTO SE ESTÁ ACABANDO.

El final del viaje no estaba previsto de esta forma, pero como Oceánica siempre es un programa vivo pues las circunstancias mandaron que termináramos los últimos días en México en vez de en EEUU visitando una vez más mi frecuentado cuartito.

Salida a las 7 de la mañana hacia Cobá. Supuestamente la persona que se sentaba de copiloto tenía la función de no dormirse para dar conversación al conductor pero lo normal es terminara siendo el director de orquesta de la bomba general que se producía en el coche cuando el trayecto era de más de media hora. En esta ocasión como era de 2 horas, pues os podéis imaginar lo que pasó, que entrando en el parking de Cobá tuve que tocar la corneta para que se despertara todo el mundo, escuchando de fondo con distintas voces... no si yo no me he dormido, solo he cerrado los ojos un poco...

Lo primero, pasar por el baño, parada obligatoria siempre que llegábamos o salíamos de algún sitio, aunque aún así siempre se oía a la media hora... me hago pissssss. Las ruinas de Cobá están emplazadas en mitad de la selva y las distancias entre ellas son largas por lo que decidimos alquilar unas bicis, 6 individuales y 2 dobles con chofer incluido, que además nos hizo de guía. La verdad que hacer la visita con las bicis fue bastante divertido y ameno, pues como todo era llano, llegábamos a cada punto con relativa facilidad, no sin la sudada correspondiente y eso que estaba nublado, que nos vino genial, pues con sol alguno hubiera palmado en el intento, 2 días antes habían estado a 40º y a pleno sol y la gente se marchaba sin terminar la visita.
Cobá si que merece la pena su visita, son unas ruinas mucho más auténticas que por ejemplo las de Chichén Itzá, no están tan comercializadas sin tenderetes por todas partes y no hay tantísimo turista. Lo mejor de todo es donde están enclavadas, con selva por todas partes que ha ido engullendo todas las piedras, salvo los lugares que los científicos han ido limpiando de árboles y vegetación... y los que quedan por descubrir. Lo más imponente de todo es la gran pirámide y en esta si que se puede subir hasta arriba para disfrutar lo mejor de allí, que es la vista que hay de la copa de los árboles y la extensión de selva que se pierde en el horizonte por donde mires. La empinada subidita bien merece la pena por la recompensa obtenida y ni uno solo de los componentes de Oceánica se la perdió, a pesar de las dudas iniciales de emprender el ascenso. La bajada es otra aventura, hay gente que la hacía poniendo el culo en cada irregular escalón.
Ni que decir tiene que todos tuvimos el máximo cuidado tanto el la subida como en la bajada, pues un traspié podría resultar bastante peligroso, no es la primera vez que alguien ha rodado desde arriba y no lo ha contado. Ya estando todos abajo y pensando en coger las bicis para ver lo siguiente a alguien se le ocurrió la feliz idea de hacernos una foto por edades en los escalones de la pirámide. La foto salió perfecta pero cuando Inés bajó el último de los escalones, ya sin la tensión que habíamos puesto en el ascenso y descenso anterior se le dobló el tobillo y tras escuchar un chasquido y ver su cara nos dimos cuenta que el baile se le había acabado en ese momento. Se le practicaron los primeros auxilios correspondientes y como podía apoyar el pie en el suelo, ayudada y con dolores no muy salvajes, pensamos que podía ser un simple esguince. Posteriormente en Madrid y con radiografía de por medio no había esguince, lo que había era una rotura de la inserción del dedo meñique en lo que es la planta del pie, o sea que escayola y alargue de vacaciones con fecha por determinar.
Gracias a que teníamos un par de bicis con chofer pudimos continuar la visita poniendo el pie de Inés como mascarón de proa. Sin más incidentes terminamos el recorrido coincidiendo todos que era lo mejor que habíamos visto hasta ahora como ruina maya.
Nuestro siguiente punto, que inicialmente no estaba previsto en la planificación y que fue incluido por recomendación de gente de la zona fue las lagunas de Muyil. Antes de eso nos pasamos por Tulum para que un quiropráctico, siendo domingo, "sobara" el tobillo de Inés, es que así lo dicen por allí. El terapeuta era un señor de 91 años que estaba como un pincel y que nos contaba como él dormía en la pirámide de Coba cuando iba por la zona porque era el único lugar donde no subían los jaguares. El caso es que Inés no sabe si sufrió más con los tremendos dolores de los tocamientos del galeno o por tener que apoyar la cara en la sábana de la camilla que tenía más mierda que el vertedero de Valdemingómez. Nunca sabremos si le hizo bien o mal el tratamiento o si la infección en el ojo que tiene Inés fue provocada por aquella mugrienta sábana en la que se vio obligada a poner la cara.
Para algunos las lagunas de Muyil fue la mejor actividad de todo el viaje. Libres de toda masificación turística nos metimos en un bote a motor que nos llevo durante 2 horas, primero cruzando una enorme laguna de poca profundidad para adentrarnos por un canal de no más de 3 metros de anchura en pleno manglar que construyeron los mayas para comunicar las 2 lagunas. Una vez en la segunda laguna también la cruzamos hasta entrar en otro estrecho canal, este ya natural que tras 25 km llegaba a desembocar en el mar. Al poco de entrar en ese segundo canal paramos en un pequeño puertecito de madera en el que había otra ruina maya, que en su tiempo hizo las veces de templo y aduana y que ahora tiene una buena comunidad de murciélagos dentro. Tras ver los grabados de la ruina tocaba lo bueno, te daban un chaleco que se usaba a modo de colchoneta y te tirabas al canal para que la corriente te arrastrara durante un par de km. Era un gustazo dejarse llevar mientras se refrescaba uno del incesante calor y se contemplaba el paisaje. Algunos incluso hicieron snorkel en vez de usar el chaleco. Toda una experiencia. De regreso se podía remontar en el barco o ir por una pasarela de madera encima del manglar que te llevaba hasta la aduana. El grupo se dividió pero se volvió a juntar para cruzar las lagunas que pasamos en la ida. Al pobre patrón de barco le dejamos la única silla que tenía en el barco a la funerala. Al entrar en uno de los canales derrapó demasiado y las patas de plástico no aguantaron mi liviano peso y estallaron en mil pedazos con el general escarnio y regocijo de todos los presentes, como os podéis imaginar. Ratas...
Reyi casi se nos descoyunta al cambiarse de ropa al darse un cabezazo contra la rama de un árbol, pero al final no pasó a mayores. Antes de regresar a Playa del Carmen estuvimos comiendo en el Camello en Tulum, un lugar bastante famoso de la zona donde los pescaderos se pusieron las botas. Después de todo el día y de haber comido pues ya os podéis imaginar la bomba que cayó en el coche de regreso.
Por la noche solo 4 quisieron salir un rato para tomar un helado y dar una vuelta, el resto se quedaron durmiendo o descansando. La verdad es que a mi me costó bastante salir pero luego mereció la pena pues estuvimos tomando algo en la misma playa con un grupo tocando en directo sones cubanos.


BUCEO EXTRA.


Ya que nos habíamos quedado sin visitar Washington, nos consolamos con hacer un par de inmersiones en Playa del Carmen mientras las chicas se quedaban en la playa tranquilamente disfrutando de sus amigos camareros. La verdad es que no estuvieron a la altura de las inmersiones de Cozumel. De entrada el barco y el sistema de funcionamiento previo dejó bastante que desear. La primera inmersión la hicimos en un pecio que estaba a 30 metros de profundidad y que no estaba mal del todo pues podías meterte dentro de él y era sorprendente verte dentro del puente de mando y los peces fuera mirándote como si el que estuviera en una pecera fueras tú y no ellos. Lo malo era la corriente persistente que había que te incomodaba mucho la visita pues tenías que estar agarrándote constantemente para que no te alejara del barco y para los que no llevábamos guantes era un problema encontrar un sitio donde asirse sin que te tocara ningún gusano de fuego o te cargaras algún organismo.
La segunda inmersión nos decepcionó un poco pues esperábamos que fuera en corriente como las de Cozumel en las que no hacías casi ningún esfuerzo, sin embargo toco remar lo suyo y lo que vimos tampoco fue como para tirar cohetes, salvo los bancos de peces de colores que se refugiaban en las oquedades que ofrecían los arrecifes de coral.
La tarde estuvo dedicada a hacer compras o darnos algún masaje y la noche terminó cenando y tomando un mojito en el mismo lugar en la misma playa donde estuvimos la noche anterior, aunque en esta ocasión el grupo que tocaba era de Jazz.
Se acababa el viaje, ya estábamos en el día de regreso, pero hasta las 17:15 no teníamos que llegar al aeropuerto, por lo que la mañana se dedicó a no madrugar y a pasarla en la playa. Ya camino del aeropuerto fuimos a comer a Puerto Morelos y tuvimos la mejor despedida posible, comiendo muy bien en un magnífico lugar a la orilla del Caribe.
En esta ocasión no tuvimos ningún problema en el aeropuerto y todo transcurrió sin incidentes, el vuelo fue pesado como de costumbre, de algo menos de 10 horas y a las 12 de la mañana estábamos llegando a Madrid para afrontar el jet lag correspondiente y la depre post vacacional. Con esto se acabó la novena edición de Oceánica.

Volver a la página anterior

Y os habéis dejao guiar por eso?
Y donde decís que esta él campo de juego de pelota?
Pues chica no se decirte donde está
Reyi tirá delante que así las llevamos hipnotizadas
Pedazo de burra... la de 2 ruedas claro
La reina de los mayas ha vuelto
No puedo perder de vista esa pedazo de huchita
Enchufarla a la corriente que se nos queda sin pilas
Enchufa enchufa, a ver si la recargas
Vuelve... el hombre
El malo de los culebrones
El galán de los culebrones
Como me vuelvas a sacar la lengua te doy con el bolso
Pues yo se la saco a Inés y ella no me pega
Ameliaaaa que la resina se saca de los árbolessss
Atención todosssss
O me alicatáis el suelo o no me bajo de aquí
Los previos al tropezón...
Mira que os avisé que me lo alicataráis...
Mezcla de la coja de Cobá y la niña la Puebla
Pata negra española en Coba
Pero viendo esto como no se va a tropezar Inés
Quien dice que tengo tripa?
No estas ya crecidita para llevar pañal
El hombre de paja acecha a los ángeles
Ese pedazo de ángel de Charlie. Ni la Farraw...
Que si, que si, que mañana te llevo de tiendas