Del 06 al 22 de julio
Maldivas y Sri Lanka


CRÓNICA DE OCEÁNICA 2.007

3ª ENTREGA

Miércoles 11 de julio, de Giritale a Kandy con parada en Matale

Comenzamos un nuevo día, desayunamos, nos despedimos del Giritale Hotel y al autobús rumbo a Matale. Por el camino hizo acto de presencia la lluvia y los tuk tuk se cubrieron con sus lonas. Llegamos al Jardín de Especias, Hierbas y Medicinas Ayurvédicas Indígenas de Matale justo en el momento en que cesó la lluvia. Allí nos recibió un guía que nos dio un paseo por el jardín al tiempo que nos explicaba las cualidades de cada planta: gengibre, sándalo, vainilla, cardamomo, pimienta, canela, cacao, aloe vera, nuez moscada y alguna más. El paseo terminó en un techado donde recibimos una introducción a los productos elaborados con estas plantas, hubo quien hasta se atrevió a probar la crema depilatoria. Después, los alumnos de medicina ayurvédica nos obsequiaron con un masaje mientras se abrían los cielos y caía una manta de agua de aguanta y no te menees, menos mal que estábamos bajo techo. La visita concluyó en una pequeña tienda donde pudimos abastecernos de especias y remedios ayurvédicos varios.
De nuevo autobús y llegamos a Kandy. Entramos a la ciudad por una calle que debía ser la avenida de los colegios y debimos coincidir con la hora de salida porque, en un santiamén, la calle se vio inundada por una marea de uniformes blancos que resaltaban sobre la tez morena de los colegiales. Kandy se encuentra situada en el centro de la isla, rodeada completamente de jungla y es una de las ciudades importantes de Sri Lanka. Después de atravesar la marea de colegiales nos dirigimos directamente a un centro comercial en cuya 5ª planta había un restaurante muy majete donde disfrutamos de unas preciosas vistas de la ciudad, de la jungla y de un tremendo aguacero mientras comimos. Unas plantas más abajo se celebraba una boda y aprovechamos la ocasión para felicitar a los novios mientras dilucidábamos si se casaban o no de penalti. Después nos dirigimos hasta una lujosa boutique de piedras preciosas y semipreciosas. Allí visionamos un vídeo sobre la penosa obtención de las piedras en bruto y se su posterior tallado. Después nos pasaron a una sala llena de vitrinas expositoras donde, si así lo deseábamos, podíamos comprar las que se nos antojasen. El espíritu Oceánica nos abandonó y una fiebre consumista se apoderó de la mayoría de los expedicionarios. Nada menos que tres horas permanecimos en aquel local sin parar de comprar, hubo algunos que dejaron encargos obligando a toda la expedición a volver al día siguiente. Estudios posteriores han demostrado que fuimos víctimas de una burda estrategia comercial en forma de piedra criptonita, a saber, todos los vendedores portaban oculta una piedra criptonita que al acercarse a los expedicionarios hacía que huyera de nosotros el espíritu Oceánica y desprotegidos e indefensos quedábamos a expensas de sus habilidades comerciales. Los numantinos oceánicos que resistieron a la vil estrategia fueron invitados a tomar un té en un saloncito con lujosos sillones.
- “No bebáis, seguro que nos ha echado algo en el té”.
- “Hala, tío. No creo”.
- “No te mosquea que inviten precisamente a los que no compramos. Seguro que este té lleva criptonita en polvo”.
- “Joder tía, que no bebas. ¿Pero ahora dónde vas?”.
- “Déjame, que he visto un zafiro precioso”.
- “¡Por los dioses del Olimpo! Te dije que no bebieras”.
Por fin conseguimos salir de aquel zulo y reanudamos el programa previsto con un retraso de tres pares. Rápidamente nos dirigimos a un curioso local de espectáculos donde se exhibían danzas tradicionales y finalmente un par de danzarines caminaron sobre una alfombra de brasas. No nos dio tiempo a calentar la silla cuando concluyó el espectáculo y nos dirigimos hacia uno de los templos más importantes del budismo en Sri Lanka, el Dalada Maligawa o templo del diente sagrado de Buda. En este templo se custodia una reliquia que contiene lo que los budistas creen que es un auténtico diente de Buda. Kandy es muy popular por su Esala Maha Perahera, festival anual (se celebra entre los meses de julio y agosto) en el cual la reliquia del diente es sacada en procesión por las calles de la ciudad. El Dalada Maligawa resultó ser otro templo impresionante y lleno de actividad, como curiosidad cabría destacar que en este templo fue en el único donde vimos y escuchamos a varios músicos que tocaban instrumentos tradicionales de percusión y viento y que conseguían organizar un escándalo considerable.
Después de la visita del templo nos dirigimos al Serene Garden Hotel donde cenamos y pasamos la noche.

Jueves 12 de julio, de Kandy a Nuwara Eliya (hacia los dominios del té)

Amanecimos en Kandy, desayunamos y abandonamos el Serene Garden Hotel. Subimos al autobús para desplazarnos unos 50 metros hasta un taller de batiks. Primero visitamos el taller donde nos explicaron la elaboración de estas telas y después visitamos la tienda donde volvimos a desenfundar las billeteras. Después visitamos la tienda de sedas New Silks Gardens donde recibimos las explicaciones pertinentes sobre la obtención de la seda y donde pudimos comprar sedas, saris, camisetas, gorras y demás prendas textiles. De aquí nos dirigimos a la tienda de piedras preciosas a recoger los encargos del día anterior, y allí, todavía conmocionados por lo ocurrido en el día anterior, decidimos que solamente entraran los involucrados, el resto esperaría fuera. Y de repente recuperamos el Espíritu Oceánica así, como de golpe. Alguien observó que al otro lado de la calle había un colegio y que los más pequeños estaban en el recreo en ese preciso instante. Nos acercamos a la valla, preguntamos a la seño si podíamos pasar y allí que nos colamos. Hubo caramelos para todos, empezamos jugando al criket y terminamos jugando a las espadas con las palas, nos hicimos fotos con los chavales, las seños y con un grupo de madres que andaban también por allí.
Seguíamos en Kandy y nuestro próximo destino era el Jardín Botánico de Peradehiya, también en Kandy, por lo que decidimos llegar hasta él a pie muy a pesar de Denzil que intentaba convencernos de que era mejor ir en autobús. Nos vino bien el paseo, estábamos ya un poco hartos de tanto autobús y en apenas 20 minutos llegamos ante las puertas del jardín. Comenzó a llover nada más empezar nuestra visita y tuvimos que refugiarnos en el invernadero de las orquídeas, desde allí Denzil llamó con su móvil al ayudante del autobús para que nos acercara un puñao de paráguas y en cuanto llegaron los paráguas dejó de llover. Continuamos con nuestro paseo por el jardín botánico y flipamos, el jardín resultó ser precioso e inmenso, grandes árboles, grandes espacios abiertos, grandes praderas, grandes avenidas y grandes murciélagos. Los entendidos comentaron que se trataba de murciélagos de la fruta, pero vamos que eran como palomas torcaces. Se me olvidaba, aquí también coincidimos con los alumnos de otro cole en actividades extraescolares.
Después de la visita al jardín subimos al autobús y abandonamos Kandy camino de las montañas del té, pero antes de llegar a Nuwara Eliya hicimos tres paradas.
En la primera paramos a comprar plátanos colorados que Denzil nos había asegurado que eran afrodisíacos (como toda la fruta por la que le preguntábamos) y rápidamente la carretera comenzó a empinarse (¡la carretera, se empinaba la carretera!) ya que comenzábamos a ascender hacia las montañas. El paisaje seguía siendo muy verde y frondoso y por doquier aparecían ríos y cascadas. La segunda parada fue para comer en el Ramboda Falls Hotel, chulísimo, comimos pegados a un risco desde el cual se despeñaba una bonita cascada.
De nuevo autobús y venga para arriba, y ahora si que entramos de lleno en los dominios del té. Comenzamos a contemplar grandes extensiones de planta de té y paramos para visitar la factoría Mackwoods, tercera parada. Aquí nos introdujeron en los secretos de la preparación de la hoja de té para su infusión y aquí también coincidimos con un cole en actividades extraescolares. Después de las explicaciones técnicas pasamos a un salón donde pudimos degustar té a discreción y realizar compras en la tienda de la factoría.
- “Con tanto té no se quién va a dormir esta noche”.
- “Hombre, siempre nos quedarán los plátanos coloraos”.
El índice de teína en sangre nos subió hasta niveles alarmantes y nuestro pulso se aceleró, vamos que para robar panderetas no teníamos precio. Continuamos ruta y cayó la noche cuando paramos en Nuwara Eliya para dar un paseo por la ciudad. Visitamos un supermercado, una iglesia cristiana y dimos un paseo por las calles más comerciales. Divisamos una sucursal de la tienda de piedras preciosas y hubo quien, todavía no desintoxicado del todo de los efectos de la criptonita, se acercó a preguntar por unos zafiros de color rosa. Curiosa la anécdota de un paisano que nos preguntó si éramos oriundos de China.
- “¡Chinos! No, We are Spanish”.
- “Claro, si es que va La Barrantas delante”.
Y como no podía ser de otra manera aprovechamos el paseo para realizar más compras y justo antes de subir al autobús Denzil sentó cátedra con la siguiente afirmación:
- “A estos los sueltas en un cementerio y seguro que algo compran”.
¡Que jodío! y esto si que lo dijo en un castellano claro y contundente.
Después del paseo un ratito más de autobús y llegamos al Silver Falls Hotel. Cuando llegamos una densa bruma daba un aspecto misterioso al hotel y su entorno, parecía el castillo de Drácula. Resultó ser un hotel muy acogedor y además disponía de conexión a Internet, servicio que fue aprovechado para dar señales de vida en el foro de Topodiving. Durante la cena empezamos a tomar conciencia de que nuestra aventura Srilankesa empezaba a terminarse.

Viernes 13 de julio, de Nuwara Eliya a Negombo (el principio del fin)

Continuará.

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