Miércoles
11 de julio, de Giritale a Kandy con parada
en Matale
Comenzamos
un nuevo día, desayunamos, nos despedimos
del Giritale Hotel y al autobús rumbo
a Matale. Por el camino hizo acto de presencia
la lluvia y los tuk tuk se cubrieron con sus
lonas. Llegamos al Jardín de Especias,
Hierbas y Medicinas Ayurvédicas Indígenas
de Matale justo en el momento en que cesó
la lluvia. Allí nos recibió
un guía que nos dio un paseo por el
jardín al tiempo que nos explicaba
las cualidades de cada planta: gengibre, sándalo,
vainilla, cardamomo, pimienta, canela, cacao,
aloe vera, nuez moscada y alguna más.
El paseo terminó en un techado donde
recibimos una introducción a los productos
elaborados con estas plantas, hubo quien hasta
se atrevió a probar la crema depilatoria.
Después, los alumnos de medicina ayurvédica
nos obsequiaron con un masaje mientras se
abrían los cielos y caía una
manta de agua de aguanta y no te menees, menos
mal que estábamos bajo techo. La visita
concluyó en una pequeña tienda
donde pudimos abastecernos de especias y remedios
ayurvédicos varios.
De nuevo autobús y llegamos a Kandy.
Entramos a la ciudad por una calle que debía
ser la avenida de los colegios y debimos coincidir
con la hora de salida porque, en un santiamén,
la calle se vio inundada por una marea de
uniformes blancos que resaltaban sobre la
tez morena de los colegiales. Kandy se encuentra
situada en el centro de la isla, rodeada completamente
de jungla y es una de las ciudades importantes
de Sri Lanka. Después de atravesar
la marea de colegiales nos dirigimos directamente
a un centro comercial en cuya 5ª planta
había un restaurante muy majete donde
disfrutamos de unas preciosas vistas de la
ciudad, de la jungla y de un tremendo aguacero
mientras comimos. Unas plantas más
abajo se celebraba una boda y aprovechamos
la ocasión para felicitar a los novios
mientras dilucidábamos si se casaban
o no de penalti. Después nos dirigimos
hasta una lujosa boutique de piedras preciosas
y semipreciosas. Allí visionamos un
vídeo sobre la penosa obtención
de las piedras en bruto y se su posterior
tallado. Después nos pasaron a una
sala llena de vitrinas expositoras donde,
si así lo deseábamos, podíamos
comprar las que se nos antojasen. El espíritu
Oceánica nos abandonó y una
fiebre consumista se apoderó de la
mayoría de los expedicionarios. Nada
menos que tres horas permanecimos en aquel
local sin parar de comprar, hubo algunos que
dejaron encargos obligando a toda la expedición
a volver al día siguiente. Estudios
posteriores han demostrado que fuimos víctimas
de una burda estrategia comercial en forma
de piedra criptonita, a saber, todos los vendedores
portaban oculta una piedra criptonita que
al acercarse a los expedicionarios hacía
que huyera de nosotros el espíritu
Oceánica y desprotegidos e indefensos
quedábamos a expensas de sus habilidades
comerciales. Los numantinos oceánicos
que resistieron a la vil estrategia fueron
invitados a tomar un té en un saloncito
con lujosos sillones.
- “No bebáis, seguro que nos ha echado
algo en el té”.
- “Hala, tío. No creo”.
- “No te mosquea que inviten precisamente
a los que no compramos. Seguro que este té
lleva criptonita en polvo”.
- “Joder tía, que no bebas. ¿Pero
ahora dónde vas?”.
- “Déjame, que he visto un zafiro precioso”.
- “¡Por los dioses del Olimpo! Te dije
que no bebieras”.
Por fin conseguimos salir de aquel zulo y
reanudamos el programa previsto con un retraso
de tres pares. Rápidamente nos dirigimos
a un curioso local de espectáculos
donde se exhibían danzas tradicionales
y finalmente un par de danzarines caminaron
sobre una alfombra de brasas. No nos dio tiempo
a calentar la silla cuando concluyó
el espectáculo y nos dirigimos hacia
uno de los templos más importantes
del budismo en Sri Lanka, el Dalada Maligawa
o templo del diente sagrado de Buda. En este
templo se custodia una reliquia que contiene
lo que los budistas creen que es un auténtico
diente de Buda. Kandy es muy popular por su
Esala Maha Perahera, festival anual (se celebra
entre los meses de julio y agosto) en el cual
la reliquia del diente es sacada en procesión
por las calles de la ciudad. El Dalada Maligawa
resultó ser otro templo impresionante
y lleno de actividad, como curiosidad cabría
destacar que en este templo fue en el único
donde vimos y escuchamos a varios músicos
que tocaban instrumentos tradicionales de
percusión y viento y que conseguían
organizar un escándalo considerable.
Después de la visita del templo nos
dirigimos al Serene Garden Hotel donde cenamos
y pasamos la noche.
Jueves
12 de julio, de Kandy a Nuwara Eliya (hacia
los dominios del té)
Amanecimos
en Kandy, desayunamos y abandonamos el Serene
Garden Hotel. Subimos al autobús para
desplazarnos unos 50 metros hasta un taller
de batiks. Primero visitamos el taller donde
nos explicaron la elaboración de estas
telas y después visitamos la tienda
donde volvimos a desenfundar las billeteras.
Después visitamos la tienda de sedas
New Silks Gardens donde recibimos las explicaciones
pertinentes sobre la obtención de la
seda y donde pudimos comprar sedas, saris,
camisetas, gorras y demás prendas textiles.
De aquí nos dirigimos a la tienda de
piedras preciosas a recoger los encargos del
día anterior, y allí, todavía
conmocionados por lo ocurrido en el día
anterior, decidimos que solamente entraran
los involucrados, el resto esperaría
fuera. Y de repente recuperamos el Espíritu
Oceánica así, como de golpe.
Alguien observó que al otro lado de
la calle había un colegio y que los
más pequeños estaban en el recreo
en ese preciso instante. Nos acercamos a la
valla, preguntamos a la seño si podíamos
pasar y allí que nos colamos. Hubo
caramelos para todos, empezamos jugando al
criket y terminamos jugando a las espadas
con las palas, nos hicimos fotos con los chavales,
las seños y con un grupo de madres
que andaban también por allí.
Seguíamos en Kandy y nuestro próximo
destino era el Jardín Botánico
de Peradehiya, también en Kandy, por
lo que decidimos llegar hasta él a
pie muy a pesar de Denzil que intentaba convencernos
de que era mejor ir en autobús. Nos
vino bien el paseo, estábamos ya un
poco hartos de tanto autobús y en apenas
20 minutos llegamos ante las puertas del jardín.
Comenzó a llover nada más empezar
nuestra visita y tuvimos que refugiarnos en
el invernadero de las orquídeas, desde
allí Denzil llamó con su móvil
al ayudante del autobús para que nos
acercara un puñao de paráguas
y en cuanto llegaron los paráguas dejó
de llover. Continuamos con nuestro paseo por
el jardín botánico y flipamos,
el jardín resultó ser precioso
e inmenso, grandes árboles, grandes
espacios abiertos, grandes praderas, grandes
avenidas y grandes murciélagos. Los
entendidos comentaron que se trataba de murciélagos
de la fruta, pero vamos que eran como palomas
torcaces. Se me olvidaba, aquí también
coincidimos con los alumnos de otro cole en
actividades extraescolares.
Después de la visita al jardín
subimos al autobús y abandonamos Kandy
camino de las montañas del té,
pero antes de llegar a Nuwara Eliya hicimos
tres paradas.
En la primera paramos a comprar plátanos
colorados que Denzil nos había asegurado
que eran afrodisíacos (como toda la
fruta por la que le preguntábamos)
y rápidamente la carretera comenzó
a empinarse (¡la carretera, se empinaba
la carretera!) ya que comenzábamos
a ascender hacia las montañas. El paisaje
seguía siendo muy verde y frondoso
y por doquier aparecían ríos
y cascadas. La segunda parada fue para comer
en el Ramboda Falls Hotel, chulísimo,
comimos pegados a un risco desde el cual se
despeñaba una bonita cascada.
De nuevo autobús y venga para arriba,
y ahora si que entramos de lleno en los dominios
del té. Comenzamos a contemplar grandes
extensiones de planta de té y paramos
para visitar la factoría Mackwoods,
tercera parada. Aquí nos introdujeron
en los secretos de la preparación de
la hoja de té para su infusión
y aquí también coincidimos con
un cole en actividades extraescolares. Después
de las explicaciones técnicas pasamos
a un salón donde pudimos degustar té
a discreción y realizar compras en
la tienda de la factoría.
- “Con tanto té no se quién
va a dormir esta noche”.
- “Hombre, siempre nos quedarán los
plátanos coloraos”.
El índice de teína en sangre
nos subió hasta niveles alarmantes
y nuestro pulso se aceleró, vamos que
para robar panderetas no teníamos precio.
Continuamos ruta y cayó la noche cuando
paramos en Nuwara Eliya para dar un paseo
por la ciudad. Visitamos un supermercado,
una iglesia cristiana y dimos un paseo por
las calles más comerciales. Divisamos
una sucursal de la tienda de piedras preciosas
y hubo quien, todavía no desintoxicado
del todo de los efectos de la criptonita,
se acercó a preguntar por unos zafiros
de color rosa. Curiosa la anécdota
de un paisano que nos preguntó si éramos
oriundos de China.
- “¡Chinos! No, We are Spanish”.
- “Claro, si es que va La Barrantas delante”.
Y como no podía ser de otra manera
aprovechamos el paseo para realizar más
compras y justo antes de subir al autobús
Denzil sentó cátedra con la
siguiente afirmación:
- “A estos los sueltas en un cementerio y
seguro que algo compran”.
¡Que jodío! y esto si que lo
dijo en un castellano claro y contundente.
Después del paseo un ratito más
de autobús y llegamos al Silver Falls
Hotel. Cuando llegamos una densa bruma daba
un aspecto misterioso al hotel y su entorno,
parecía el castillo de Drácula.
Resultó ser un hotel muy acogedor y
además disponía de conexión
a Internet, servicio que fue aprovechado para
dar señales de vida en el foro de Topodiving.
Durante la cena empezamos a tomar conciencia
de que nuestra aventura Srilankesa empezaba
a terminarse.
Viernes
13 de julio, de Nuwara Eliya a Negombo (el
principio del fin)
Continuará.
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