PRIMERA PARTE DE LA CRÓNICA
Arrancamos
la crónica de la III Edición de
la Oceánica de invierno post-pandemia ;
esta vez en el Caribe colombiano durante 8 días
de febrero de 2025, si bien Trini, que practica
el lema de “conozca un país con la excusa
de una Oceánica” hará la extensión
vacacional para mostrarnos otros lugares de Colombia
y con ella nos despediremos de estas tierras.
Pero, antes de nada, como en cualquier Oceánica
no familiar y fuera de temporada alta vacacional-laboral
que se precie, no podemos continuar esta crónica
sin transmitir en primer
lugar un agradecimiento profundo y profuso a todos
y todas, aquellos y aquellas, que han suplantado
como han podido nuestro rol familiar y laboral
mientras nosotros y nosotras
disfrutábamos de unas vacaciones, eso sí,
bien merecidas, (tanto desde el punto de vista
familiar como laboral). (Se abre paréntesis.
Nota de la autora: a partir de aquí se
usará el
masculino plural de forma inclusiva para considerar
a los miembros y miembras de esta expedición
cuando haya referencias que contemplen al menos
a un individuo de cada género, o bien el
masculino singular en caso de alusión sin
distinción de género. Se cierra
paréntesis).
Continuemos con la crónica. Otra puntualización:
elimino lo de vacaciones bien merecidas desde
el “ punto de vista familiar ”, que esta crónica
es pública y puede que algún miembro
de alguna familia esté totalmente en desacuerdo
con tal meritocracia, - y sin hacer encuesta a
los
compañeros de trabajo que no tienen por
qué opinar - ... Ahora bien, no hay como
desaparecer una semana para comprobar si a la
vuelta nos echan de menos, en qué círculo
de influencia y por qué. ¿Hubo besos
y/o abrazos y/o apretones de manos?, ¿los
marrones se han resuelto o
se han postpuesto a nuestro regreso? Je, je, que
cada cual haga sus propias reflexiones, ?? ...
y establezca un plan de acción para 2026
porque si el Topo sigue con energía, y
su Ilustrísima y bien amada por todos Sra.
Doña Topa tiene a bien autorizarlo, nada
parará la IV Edición de la Oceánica
de invierno post-pandemia, a la vista del buen
rollo con el que nos despedimos en el cierre de
esta edición, sniff!, y las ganas de repetir
que había en el ambiente.
Pero, para tranquilidad mental de aquellos que
no fueron a esta aventura, - bien porque no podían,
bien porque no querían-, (aunque también
está la opción de que ni podían
ni querían, pero por no complicarlo más
)... retomo, perdón, que lo que quería
es dar argumentos a quienes no han disfrutado
de esta Oceánica de invierno 2025 para
liberarse de cualquier atisbo melancólico
diciéndoles que tampoco merece tanto la
pena apuntarse a estos viajes. Todo empieza con
un montón de horas de avión en turista
como sardinas en conserva, a la vez que desperdigados
en el habitáculo y con un frío polar
que llevara a MariPaz a cubrirse, cabeza incluida,
con la manta porque para qué ver si no
hay nada que ver y llevas la nariz congelada,
(remedio que secundé, que el frío
no era normal...). A esta jornada en el aire,
hay que sumarle otro puñado de horas de
espera entre vuelos, más hoteles y entornos
ruidosos que boicotean el sueño necesario
tras el jet lag y cansancio acumulado, para llegar
a inmersiones en las que no se ve mucho, ni por
visibilidad ni por tráfico de fauna marítima,
y con un calor asfixiante porque para eso vamos
a lugares tropicales donde tan pronto te llueve
como el ambiente de bochorno te invade y entre
una cosa y otra, atrae a los mosquitos que merodean
y siempre dejan su impronta en brazos y piernas
de alguno/s del grupo por más Relec que
nos rociemos. Y no teniendo suficiente con los
rencorosos voladores, ahora también son
las medusas y lycras las que se encargan últimamente
de dejar constancia con su paso por la fina piel
de nuestros expedicionarios. Aquí es cuando
una doctora experimentada como nuestra querida
Marina es bendecida y adorada, pues pone su conocimiento
y pericia a disposición del grupo, (no
así siempre medicamentos en vigor, pero
de eso ya se encarga el botiquín comuna
intergrupal, :-D). Y aunque normalmente llevamos
de todo entre todos, en este viaje nos hemos venido
arriba y nos hemos puesto a comprar colirios y
desparasitadores en el por si acaso, muy arriba
y abiertos a explorar nuevas vías de automedicación
para Oceánicas tropicales, (ver guía
de recomendación para oceánicos
de invierno más adelante). Y una vez dados
los agradecimientos y eliminados de la lectura
a quienes no deseen nuestro
disfrute, pues no habrán seguido leyendo
tras 2.893 palabras que llevamos escritas, vayamos
a la crónica propiamente dicha.
Para
empezar, todos los caminos llevan a Bogotá
y ahí nos encontraremos la expedición
al completo: de un lado del Atlántico,
los residentes habituales en Madrid, que oh cielos!,
vuelan en un único avión todos juntos
esta vez, pero no pegados codo con codo puesto
que el Topo, despabilado como siempre, coge asientos
de pasillo para el grupo al completo y así
poder estirar las piernas sin levantarse, o levantándose,
a gusto del consumidor. Del otro lado del
Atlántico, e incluso Pacífico, Trini
que consigue salir de Canadá, donde en
esos días caerá la mayor nevada
desde hace varias décadas y que ella seguirá
a golpe de Internet globalizado y al mejor precio
por Gigabyte que para eso ya tiene experiencia
digital acumulada (ver guía para
próximas expediciones), y Conni, quien
hace sus traslados saltando de su paraíso
particular (no hay nada mejor que Galápagos,
recuerden) al interior de Ecuador, y de ahí
al punto común para los 12.
Hasta aquí todo bien, besos y abrazos,
y cervezas en lugar de cafés para desayunar
a las 8 am en la zona de embarque, pues dicen
que hay que dormirse en el siguiente avión
a San Andrés y luego aguantar hasta caer
en la cama del primer hotel. (El Topo aprovechará
la conectividad para gestionar billetes para Azores,
que este chico está pluriempleado y lleva
la agencia de viajes en la mochila para los encargos
de la tropa de la Oceánica estival, ainsss,
qué paciencia, Señor!). Aquí
en Bogotá empezaremos el trapicheo de pesos
colombianos, moneda, (o más bien billetes),
que habremos adquirido en la zona de internacional
los que volamos desde Madrid. Necesitaremos un
master en agente de bolsa y valores para saber
cómo ahorrarte una comisión de unos
3-4€ de más, utilizando la proporción
adecuada de cambio en tarjeta de crédito
desde España, más extracción
en cajero hasta el tope sin comisión, más
extracción por parte de Julio y bizzum
a cambio, y finalmente unido a la cantidad transaccionada
en la casa de cambio con su propia comisión
a partir de euros en metálico por parte
de Sebas. Vamos, que
más de 1 hora de tejemanejes con toda la
predisposición del bancario Julio y del
banquero Sebas, (no están confundidos los
términos, no) para dar con el mejor cambio
al día que siendo festivo tiene su plus.
Para que luego nos terminemos llevando a casa
pesos no consumidos o derrochado a última
hora para no quedarse con ninguno... Estas cosas
que nos gustan de la pela es la pela, que para
generoso cuando yo quiera.
Pues eso, que ahora que somos capitanes generales
con tanto miles de pesos colombianos, aterrizamos
en nuestra primera isla caribeña, San Andrés,
para deshacernos de nuestras mangas y perneras
largas, guardar las maletas, - todas tras la revisión
canina -, en una furgoneta sin matrícula,
porque aquí tardan mucho en el trámite
de la entrega de matrícula, (unos 3 meses
nos dice el conductor, y debe ser que toda la
isla ha hecho el trámite a la vez porque
la falta de chapas es sorprendente cuanto menos)
y subirnos a dos mulas, 6 oceánicos por
cada una. Sí, aquí las mulas tienen
capacidad de hasta 6 pasajeros con conductor incluido,
y las motos 4 y si me apuras 5 si van varios niños.
Si no sabes lo que es una mula, tienes que ir
a Colombia, pero si quieres reírte hasta
privarte en una mula, entonces no sólo
tienes que ir a Colombia, sino que además
tiene que conducirla Julio, así que llévate
entonces a Julio porque ir
con él de conductor ha sido de lo más
divertido de este viaje, (gracias Julio, todavía
me río recordando las anécdotas
porque no quiero poner julitadas y yo diría
que reírse hasta no poder articular palabra
no tiene precio, es vitamina pura). En cuanto
a las motos de San Andrés, pues lo normal,
para qué utilizar un coche si sólo
tengo que llevar unas tarimas, unos cubos, unos
cabeceros, un mazo de escobas... vamos que en
un pis-pas, los moteros parecen salidos del Circo
del Sol de funambulistas y recordemos, Julio y
el Topo de conductores, sin intermitentes, ni
freno de mano, ni claxon, ni retrovisores laterales,
que aquí se conduce guiado por el instinto
de suponer por dónde te va a entrar la
moto que te quiere adelantar...
Cuando vayamos a Providencia las mulas serán
de 4 pasajeros y pasaremos por el asiento del
conductor la mitad de la expedición entre
tanto viaje y viaje. A 15-20 millas por hora nos
haremos los reyes y reinas de la carretera.
Para situarnos, San Andrés tiene una población
de 56 mil habitantes y el tráfico es un
caos, por resumir. Aparcar es complicado, así
que, para trasladarse a una inmersión,
es mejor ir los 12 en dos taxis más los
dos conductores, aunque eso implique que Sebas
vaya en el maletero, todo por no desplazarse en
mula y comértela a la llegada al centro
de buceo. Providencia es otra cosa, con 6 mil
habitantes, conducir es hasta agradable. Santa
Catalina será la tercera isla que pisemos,
pero a pie, unida a través del puente de
los enamorados con Providencia. Tanto San Andrés
como Providencia fueron utilizadas por los piratas
ingleses y holandeses como refugio y base de ataques
contra las rutas comerciales españolas.
La leyenda dice que Henry Morgan, galés
con fama de bebedor y carnicero, en el siglo XVII
convirtió a Providencia y San Andrés
en su base de operaciones y que escondió
parte de su tesoro en Morgan’s Cave de San Andrés,
y la otra parte en Providencia, donde hay una
formación rocosa denominada Morgan’s Head.
Nuestros buzos no encontrarán tesoro alguno,
pero sí tendrán la suerte de perder
y recuperar un sonajero y un ordenador, gracias
a la pericia de sus instructores en el 2º
caso y a la
repetición de las zonas en el primero.
La primera inmersión de esta oceánica,
la del domingo en Providencia, será la
mejor de todas: tiburones de punta negra, barracuda,
Napoleón, pez loro... buena visibilidad
e inmersión cómoda sin apenas corriente,
aunque el Topo debería explicar cómo
un dive master como él subía con
30 bares y tirando de la botella de MariPaz para
38 min de inmersión y eso que se supone
que la que tenía miedo de los tiburones
era MariPaz... (Pues sí, me lo explicó
en la revisión de la crónica por
el editor: el Topo bajó con 160 bares,
40 menos que el resto, así que echando
cuentas, no sólo es dive master en la teoría
sino también en la práctica). Joselito
usó aletas de dos tallas diferentes, porque
el jefe de la inmersión Malcon es como
es y si no te sirve una aleta, ya harás
para que te sirva, y si no tienes un núcleo
para la botella de Sebas, pues con un destornillador
se arregla y punto.
Mientras tanto, las no buzas estábamos
a lo nuestro. La mañana del primer día
en Providencia será un día de exploración,
pisar la playa Manzanillo para hacer tiempo, y
coger la mula de nuevo para ir a SouthWest Beach
y reservar la comida en el Divino Niño,
premonición de los divinos que iban a estar
los cócteles de limonada de coco que estrenaríamos
en esta playa y que Marina y Julia ya no dejarán
de pedir por doquier con cualquier excusa...(menos
mal que eran sin alcohol, que de otro modo habríamos
ido borrachas toda la Oceánica).
La tarde será especial para el grupo por
la singularidad de la visita: podremos comprobar
la variedad de azules y turquesas del mar desde
la cima de Cayo Cangrejo para después bañarnos
en el agua cristalina en mitad de un chaparrón,
y ya en la segunda ruta del bote disfrutar de
la maravillosa naturaleza salvaje de la isla de
los alcatraces, repleta de estas aves, donde a
vista de pájaro se puede ver qué
machos van a tener éxito esa noche por
sus pavoneantes buches carmesí. Todo un
enigma que todos los alcatraces usen la misma
isla para vivir y en aparente armonía.
De la segunda inmersión en Providencia,
aparte de encontrar el sonajero de Jesús
del día anterior, y perder y recuperar
de nuevo el ordenador de Julio sin correa como
decíamos, no
tengo más información, excepto que
apunté “han visto cosas raras”, pues ellos
sabrán qué significa puesto que
incluso fue en la 1ª inmersión cuando
además vieron un Cristo tumbado por la
marejada del huracán de 2020 de categoría
5 que devastó el 98% de la infraestructura
de la isla, (no creo que se refieran a ver volar
la 1ª gorra de Julio, y habrá una
2ª que también vuele, pero tiempo
al tiempo). Me apunta el Topo que tiburones vieron
todos los días, pues ya entonces no era
cosa rara, aunque de cara a Juan Luis, no es para
tanto, que MariPaz siempre iba protegida por el
dive master. Peligro, peligro, como que no había,
(dicen, ?? ).
Este lunes Conni y Marina irán de expedición
montañera al punto más alto de Providencia:
The Peak. 3 km entre rocas y con deslizamientos
por la lluvia para lo que Gelen y Julia dijeron:
qué necesidad. Pues ninguna, así
que mejor desayunamos tranquilamente (momento
para acribillar a Gelen los mosquitos), y nos
vamos a la playa a tomarnos un coco loco. Así
que, conduciendo su mula, hacia el punto más
alto de Providencia que salieron Conni y Marina,
y con el guía por delante en moto, para
llegar hasta el pueblo del susodicho guía
a dejar la mula y moto y empezar a subir. Cuando
llevaban algún kilómetro recorrido
y Marina preguntando cuánto falta, el oriundo
dio un dato que implicaba que restaba “sólo”
el 60% del total, y ahora subida
en picado.... Y entonces Marina dijo: qué
necesidad. Y sonriendo acalorada le dijo a Conni:
hasta luego Conni, que yo me vuelvo, a ver si
las otras dos aún no se han ido a por el
Coco Loco. Total, lo que necesitábamos
era una evidencia fotográfica de subir
hasta la bandera y para ello con una expedicionaria
en forma tope guay era suficiente. Así
que Conni, veni, vidi, vinci y vuelta al hotel
en la moto con el guía. Bravo por nuestra
montañista, que no era nada fácil
subir y bajar. Plas, plas, plas!
Las otras 3 no buzas, pues a la playa del Manzanillo
que se fueron, para inspeccionar qué es
un lunes de febrero en una playa virgen como esta,
con cócteles y chaparrón tropicales,
como tiene que ser. A estas alturas, con 2 días
en Providencia ya teníamos controladas
la bebida y las playas. En cuanto a bebida, y
como resumen rápido que esto se está
alargando, cabe recordar: Coco Loco, servido en
un coco, piña colada, deep blue, daiquiri
de maracuyá, michelada caribeña
y la tan apreciada limonada de Coco que Marina
y Julia han probado por tierra y por mar como
decíamos, arrastrando a su consumo a parte
de los oceánicos (la limonada al estilo
topodiving se hace con crema de coco bien batida,
jugo de limón, azúcar, hielo picado
y un poquito de hierbabuena).
Lo que no habíamos entendido aún
es cómo se hace una barbacoa en una playa
de Providencia: teníamos la experiencia
de Costa Rica, con Chris, al estilo alemán,
y nos
emplazábamos con Malcon, al estilo jamaicano.
Para empezar, habíamos quedado en la playa
con él a las 18.30h, para eso de poder
ver el atardecer. A las 20h aún no había
llegado Malcon, así que el Topo, Joselito
y Jesús cogieron las mulas y se fueron
a buscarle a su casa, aprovechando que iban a
echar combustible. Sin barbacoa en la playa no
nos dejaba, aunque el resto de la expedición
sucumbía debajo de un tejadillo en la misma
playa de Almond Bay mientras caían chuzos
de punta. Lo que pasó en la casa de Malcon
se queda en la casa, el resto nos quedaremos con
su mensaje al Topo: “Tranquilo bro. De que comen,
comen”. Y así fue, palabra de Malcon. Comimos,
no a las 19h- 20h como era de esperar, sino a
las 21.30h, pero comimos muy bien: pargo rojo,
langosta, batata, plátano, pimiento, salsa
con cebolla, pimiento, hierbabuena y limón,
y arroz cocinado
con coco. Esos eran los ingredientes, la mezcla
y el sabor brutal. De que comen, comen y vaya
si comimos.
Como diría Trini como aprendizaje: no podemos
agobiarnos, hay que dejar de lado nuestro estrés,
tomárselo con calma. Bailar reggae y beber
una limonada de coco o cerveza local,
podríamos añadir, y aguantaríamos
en Providencia una semana más, pero no
veo a los Magantos pidiendo teletrabajo en esta
isla...
El martes volveríamos a San Andrés.
Cogeríamos las mulas y empezaría
el estrés. Yo me vuelvo a Providencia,
que no hay color en la carretera. Aquí
hay heavy traffic y van como locos, (algo que
se le pegaría a Julio, claro, en la jungla
automovilística hay que conducir como los
nativos o te sacan del carril). La inmersión,
ni fu ni fa. Las no buzas mientras tanto se irían
a la isla parque de atracciones Jonny Cay: comida,
toldo en playa de arena blanca, sillas y bebidas,
business total.
La cena sería en un sitio reggae de los
que le gustan a Gelen, el Booby Rock, cócteles,
relax con fotos para Instagram y comida local,
no está mal, buen acierto del Topo. La
vuelta al hotel será un momento cumbre
para las mulas. Cuando ves en el Apple watch que
Maganto ha escrito
Amén y conociéndole sabes que no
ha sido tras una plegaria, abres entonces el móvil
y lees en el chat de la oceánica un mensaje
de Jesús, que va en su misma mula, y que
decía previo al Amén de Joselito:
“Vamos en dirección contraria. Cada uno
vamos a nuestra bola”.
En ese momento Julia reacciona, pero la situación
surrealista le genera carcajadas en bucle y no
puede articular palabra. Situémonos. La
mula del conductor Julio ha salido la primera,
queremos el mejor sitio para aparcar en la acera
de nuestro hotel, que ya nos conocemos, y vamos
a evitar las maniobras para no llevarnos ningún
saliente de la fachada... Pero no
contábamos con la astucia del conductor
Topo, quien diría para sus adentros, tirad,
tirad, que ya daréis la vuelta... Tras
ver los mensajes de Jesús y Maganto y percatarse
de la situación, Julia sólo puede
mostrar el móvil a Marina. Sebas pone vista
y oído también, que estamos los
3 en línea en la parte de atrás
de la mula. Julioooo!, que vamos en dirección
contraria!!. 3,7km tendrían que recorrer
los Topo team para ir de Booby Rock a Isla Bonita
Hotel, yendo de la zona oeste al este vía
sur, pasando por el atajo longitudinal. Total,
8 min en su trayecto. En cambio, los Julio team
cogerían la trayectoria norte, ya no habría
atajo alguno, y bordeando la isla
llegarían como media hora después,
eso sí, con cara de velocidad a 25 millas
por hora, fuera de la ley, yendo en contra del
viento y apretando todos los dientes, a ver si
así había menos rozamiento y conseguíamos
ganar minutos a la llegada, porque ya no tendría
remedio recibir al Topo con los brazos en jarras...
Julitada al canto. Eso sí, pero por el
ahorro en antidepresivos sin caducar mereció
la pena y toda la tropa lo recordaría al
día siguiente con una carcajada en boca.
El miércoles Julia representaría
al equipo snorkeleando en la 3ª barrera coralina
del mundo, con fotos y videos como evidencia,
para que nadie diga que no vio mantarrayas águilas
y pastinaca, langosta y bancadas de peces a tutiplén.
Y tras la vuelta de inspección de las chicas
por la zona comercial, bailoteo gimnástico
en el hotel mientras esperábamos el regreso
de los buceadores, y que le quiten lo bailao a
Conni, con el animador del hotel y la canción
de Karol G. que nos acompañaría
en Cartagena de Indias, qué hubiera sido,
si antes te hubiera conocidoooo....
Y entre museo pirata con una versión muy
suigéneris de la Historia, todo ello documentado,
a saber si en ChatGPT, visita a los manglares
y paseíllo por la zona comercial de San
Andrés, vuelta a la mula con la frase célebre
del Topo a Conni: Agárrame las bolsas que
me he dejado el culo un poco fuera y que el lector
traduzca al ecuatoriano para ver a Conni partirse
de risa.
Ya metidos en la 2ª parte de la Oceánica,
el jueves empezaremos con el viaje al aeropuerto
con las mulas...
...CONTINUARÁ
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CRONISTA


























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