Confirmados
Raquel
Joselito
MPaz
Palo
Gelen
Julio
Conni
Trini
Sebas
Marina
Julia
Jesús

COLOMBIA

(COSTA DEL CARIBE)

¡¡¡¡ Del 14 al 23 de Febrero 2.025 !!!!


PRIMERA PARTE DE LA CRÓNICA

Arrancamos la crónica de la III Edición de la Oceánica de invierno post-pandemia ; esta vez en el Caribe colombiano durante 8 días de febrero de 2025, si bien Trini, que practica el lema de “conozca un país con la excusa de una Oceánica” hará la extensión vacacional para mostrarnos otros lugares de Colombia y con ella nos despediremos de estas tierras.
Pero, antes de nada, como en cualquier Oceánica no familiar y fuera de temporada alta vacacional-laboral que se precie, no podemos continuar esta crónica sin transmitir en primer
lugar un agradecimiento profundo y profuso a todos y todas, aquellos y aquellas, que han suplantado como han podido nuestro rol familiar y laboral mientras nosotros y nosotras
disfrutábamos de unas vacaciones, eso sí, bien merecidas, (tanto desde el punto de vista familiar como laboral). (Se abre paréntesis. Nota de la autora: a partir de aquí se usará el
masculino plural de forma inclusiva para considerar a los miembros y miembras de esta expedición cuando haya referencias que contemplen al menos a un individuo de cada género, o bien el masculino singular en caso de alusión sin distinción de género. Se cierra paréntesis).
Continuemos con la crónica. Otra puntualización: elimino lo de vacaciones bien merecidas desde el “ punto de vista familiar ”, que esta crónica es pública y puede que algún miembro de alguna familia esté totalmente en desacuerdo con tal meritocracia, - y sin hacer encuesta a los
compañeros de trabajo que no tienen por qué opinar - ... Ahora bien, no hay como desaparecer una semana para comprobar si a la vuelta nos echan de menos, en qué círculo de influencia y por qué. ¿Hubo besos y/o abrazos y/o apretones de manos?, ¿los marrones se han resuelto o
se han postpuesto a nuestro regreso? Je, je, que cada cual haga sus propias reflexiones, ?? ... y establezca un plan de acción para 2026 porque si el Topo sigue con energía, y su Ilustrísima y bien amada por todos Sra. Doña Topa tiene a bien autorizarlo, nada parará la IV Edición de la Oceánica de invierno post-pandemia, a la vista del buen rollo con el que nos despedimos en el cierre de esta edición, sniff!, y las ganas de repetir que había en el ambiente.
Pero, para tranquilidad mental de aquellos que no fueron a esta aventura, - bien porque no podían, bien porque no querían-, (aunque también está la opción de que ni podían ni querían, pero por no complicarlo más )... retomo, perdón, que lo que quería es dar argumentos a quienes no han disfrutado de esta Oceánica de invierno 2025 para liberarse de cualquier atisbo melancólico diciéndoles que tampoco merece tanto la pena apuntarse a estos viajes. Todo empieza con un montón de horas de avión en turista como sardinas en conserva, a la vez que desperdigados en el habitáculo y con un frío polar que llevara a MariPaz a cubrirse, cabeza incluida, con la manta porque para qué ver si no hay nada que ver y llevas la nariz congelada, (remedio que secundé, que el frío no era normal...). A esta jornada en el aire, hay que sumarle otro puñado de horas de espera entre vuelos, más hoteles y entornos ruidosos que boicotean el sueño necesario tras el jet lag y cansancio acumulado, para llegar a inmersiones en las que no se ve mucho, ni por visibilidad ni por tráfico de fauna marítima, y con un calor asfixiante porque para eso vamos a lugares tropicales donde tan pronto te llueve como el ambiente de bochorno te invade y entre una cosa y otra, atrae a los mosquitos que merodean y siempre dejan su impronta en brazos y piernas de alguno/s del grupo por más Relec que nos rociemos. Y no teniendo suficiente con los rencorosos voladores, ahora también son las medusas y lycras las que se encargan últimamente de dejar constancia con su paso por la fina piel de nuestros expedicionarios. Aquí es cuando una doctora experimentada como nuestra querida Marina es bendecida y adorada, pues pone su conocimiento y pericia a disposición del grupo, (no así siempre medicamentos en vigor, pero de eso ya se encarga el botiquín comuna intergrupal, :-D). Y aunque normalmente llevamos de todo entre todos, en este viaje nos hemos venido
arriba y nos hemos puesto a comprar colirios y desparasitadores en el por si acaso, muy arriba y abiertos a explorar nuevas vías de automedicación para Oceánicas tropicales, (ver guía de recomendación para oceánicos de invierno más adelante). Y una vez dados los agradecimientos y eliminados de la lectura a quienes no deseen nuestro
disfrute, pues no habrán seguido leyendo tras 2.893 palabras que llevamos escritas, vayamos a la crónica propiamente dicha.

Para empezar, todos los caminos llevan a Bogotá y ahí nos encontraremos la expedición al completo: de un lado del Atlántico, los residentes habituales en Madrid, que oh cielos!, vuelan en un único avión todos juntos esta vez, pero no pegados codo con codo puesto que el Topo, despabilado como siempre, coge asientos de pasillo para el grupo al completo y así poder estirar las piernas sin levantarse, o levantándose, a gusto del consumidor. Del otro lado del
Atlántico, e incluso Pacífico, Trini que consigue salir de Canadá, donde en esos días caerá la mayor nevada desde hace varias décadas y que ella seguirá a golpe de Internet globalizado y al mejor precio por Gigabyte que para eso ya tiene experiencia digital acumulada (ver guía para
próximas expediciones), y Conni, quien hace sus traslados saltando de su paraíso particular (no hay nada mejor que Galápagos, recuerden) al interior de Ecuador, y de ahí al punto común para los 12.
Hasta aquí todo bien, besos y abrazos, y cervezas en lugar de cafés para desayunar a las 8 am en la zona de embarque, pues dicen que hay que dormirse en el siguiente avión a San Andrés y luego aguantar hasta caer en la cama del primer hotel. (El Topo aprovechará la conectividad para gestionar billetes para Azores, que este chico está pluriempleado y lleva la agencia de viajes en la mochila para los encargos de la tropa de la Oceánica estival, ainsss, qué paciencia, Señor!). Aquí en Bogotá empezaremos el trapicheo de pesos colombianos, moneda, (o más bien billetes), que habremos adquirido en la zona de internacional los que volamos desde Madrid. Necesitaremos un master en agente de bolsa y valores para saber cómo ahorrarte una comisión de unos 3-4€ de más, utilizando la proporción adecuada de cambio en tarjeta de crédito desde España, más extracción en cajero hasta el tope sin comisión, más extracción por parte de Julio y bizzum a cambio, y finalmente unido a la cantidad transaccionada en la casa de cambio con su propia comisión a partir de euros en metálico por parte de Sebas. Vamos, que
más de 1 hora de tejemanejes con toda la predisposición del bancario Julio y del banquero Sebas, (no están confundidos los términos, no) para dar con el mejor cambio al día que siendo festivo tiene su plus. Para que luego nos terminemos llevando a casa pesos no consumidos o derrochado a última hora para no quedarse con ninguno... Estas cosas que nos gustan de la pela es la pela, que para generoso cuando yo quiera.
Pues eso, que ahora que somos capitanes generales con tanto miles de pesos colombianos, aterrizamos en nuestra primera isla caribeña, San Andrés, para deshacernos de nuestras mangas y perneras largas, guardar las maletas, - todas tras la revisión canina -, en una furgoneta sin matrícula, porque aquí tardan mucho en el trámite de la entrega de matrícula, (unos 3 meses nos dice el conductor, y debe ser que toda la isla ha hecho el trámite a la vez porque la falta de chapas es sorprendente cuanto menos) y subirnos a dos mulas, 6 oceánicos por cada una. Sí, aquí las mulas tienen capacidad de hasta 6 pasajeros con conductor incluido,
y las motos 4 y si me apuras 5 si van varios niños. Si no sabes lo que es una mula, tienes que ir a Colombia, pero si quieres reírte hasta privarte en una mula, entonces no sólo tienes que ir a Colombia, sino que además tiene que conducirla Julio, así que llévate entonces a Julio porque ir
con él de conductor ha sido de lo más divertido de este viaje, (gracias Julio, todavía me río recordando las anécdotas porque no quiero poner julitadas y yo diría que reírse hasta no poder articular palabra no tiene precio, es vitamina pura). En cuanto a las motos de San Andrés, pues lo normal, para qué utilizar un coche si sólo tengo que llevar unas tarimas, unos cubos, unos cabeceros, un mazo de escobas... vamos que en un pis-pas, los moteros parecen salidos del Circo del Sol de funambulistas y recordemos, Julio y el Topo de conductores, sin intermitentes, ni freno de mano, ni claxon, ni retrovisores laterales, que aquí se conduce guiado por el instinto de suponer por dónde te va a entrar la moto que te quiere adelantar...
Cuando vayamos a Providencia las mulas serán de 4 pasajeros y pasaremos por el asiento del conductor la mitad de la expedición entre tanto viaje y viaje. A 15-20 millas por hora nos haremos los reyes y reinas de la carretera.
Para situarnos, San Andrés tiene una población de 56 mil habitantes y el tráfico es un caos, por resumir. Aparcar es complicado, así que, para trasladarse a una inmersión, es mejor ir los 12 en dos taxis más los dos conductores, aunque eso implique que Sebas vaya en el maletero, todo por no desplazarse en mula y comértela a la llegada al centro de buceo. Providencia es otra cosa, con 6 mil habitantes, conducir es hasta agradable. Santa Catalina será la tercera isla que pisemos, pero a pie, unida a través del puente de los enamorados con Providencia. Tanto San Andrés como Providencia fueron utilizadas por los piratas ingleses y holandeses como refugio y base de ataques contra las rutas comerciales españolas. La leyenda dice que Henry Morgan, galés con fama de bebedor y carnicero, en el siglo XVII convirtió a Providencia y San Andrés en su base de operaciones y que escondió parte de su tesoro en Morgan’s Cave de San Andrés, y la otra parte en Providencia, donde hay una formación rocosa denominada Morgan’s Head.
Nuestros buzos no encontrarán tesoro alguno, pero sí tendrán la suerte de perder y recuperar un sonajero y un ordenador, gracias a la pericia de sus instructores en el 2º caso y a la
repetición de las zonas en el primero. La primera inmersión de esta oceánica, la del domingo en Providencia, será la mejor de todas: tiburones de punta negra, barracuda, Napoleón, pez loro... buena visibilidad e inmersión cómoda sin apenas corriente, aunque el Topo debería explicar cómo un dive master como él subía con 30 bares y tirando de la botella de MariPaz para 38 min de inmersión y eso que se supone que la que tenía miedo de los tiburones era MariPaz... (Pues sí, me lo explicó en la revisión de la crónica por el editor: el Topo bajó con 160 bares, 40 menos que el resto, así que echando cuentas, no sólo es dive master en la teoría sino también en la práctica). Joselito usó aletas de dos tallas diferentes, porque el jefe de la inmersión Malcon es como es y si no te sirve una aleta, ya harás para que te sirva, y si no tienes un núcleo para la botella de Sebas, pues con un destornillador se arregla y punto.
Mientras tanto, las no buzas estábamos a lo nuestro. La mañana del primer día en Providencia será un día de exploración, pisar la playa Manzanillo para hacer tiempo, y coger la mula de nuevo para ir a SouthWest Beach y reservar la comida en el Divino Niño, premonición de los divinos que iban a estar los cócteles de limonada de coco que estrenaríamos en esta playa y que Marina y Julia ya no dejarán de pedir por doquier con cualquier excusa...(menos mal que eran sin alcohol, que de otro modo habríamos ido borrachas toda la Oceánica).
La tarde será especial para el grupo por la singularidad de la visita: podremos comprobar la variedad de azules y turquesas del mar desde la cima de Cayo Cangrejo para después bañarnos en el agua cristalina en mitad de un chaparrón, y ya en la segunda ruta del bote disfrutar de la maravillosa naturaleza salvaje de la isla de los alcatraces, repleta de estas aves, donde a vista de pájaro se puede ver qué machos van a tener éxito esa noche por sus pavoneantes buches carmesí. Todo un enigma que todos los alcatraces usen la misma isla para vivir y en aparente armonía.
De la segunda inmersión en Providencia, aparte de encontrar el sonajero de Jesús del día anterior, y perder y recuperar de nuevo el ordenador de Julio sin correa como decíamos, no
tengo más información, excepto que apunté “han visto cosas raras”, pues ellos sabrán qué significa puesto que incluso fue en la 1ª inmersión cuando además vieron un Cristo tumbado por la marejada del huracán de 2020 de categoría 5 que devastó el 98% de la infraestructura de la isla, (no creo que se refieran a ver volar la 1ª gorra de Julio, y habrá una 2ª que también vuele, pero tiempo al tiempo). Me apunta el Topo que tiburones vieron todos los días, pues ya entonces no era cosa rara, aunque de cara a Juan Luis, no es para tanto, que MariPaz siempre iba protegida por el dive master. Peligro, peligro, como que no había, (dicen, ?? ).
Este lunes Conni y Marina irán de expedición montañera al punto más alto de Providencia: The Peak. 3 km entre rocas y con deslizamientos por la lluvia para lo que Gelen y Julia dijeron: qué necesidad. Pues ninguna, así que mejor desayunamos tranquilamente (momento para acribillar a Gelen los mosquitos), y nos vamos a la playa a tomarnos un coco loco. Así que, conduciendo su mula, hacia el punto más alto de Providencia que salieron Conni y Marina, y con el guía por delante en moto, para llegar hasta el pueblo del susodicho guía a dejar la mula y moto y empezar a subir. Cuando llevaban algún kilómetro recorrido y Marina preguntando cuánto falta, el oriundo dio un dato que implicaba que restaba “sólo” el 60% del total, y ahora subida
en picado.... Y entonces Marina dijo: qué necesidad. Y sonriendo acalorada le dijo a Conni: hasta luego Conni, que yo me vuelvo, a ver si las otras dos aún no se han ido a por el Coco Loco. Total, lo que necesitábamos era una evidencia fotográfica de subir hasta la bandera y para ello con una expedicionaria en forma tope guay era suficiente. Así que Conni, veni, vidi, vinci y vuelta al hotel en la moto con el guía. Bravo por nuestra montañista, que no era nada fácil subir y bajar. Plas, plas, plas!
Las otras 3 no buzas, pues a la playa del Manzanillo que se fueron, para inspeccionar qué es un lunes de febrero en una playa virgen como esta, con cócteles y chaparrón tropicales, como tiene que ser. A estas alturas, con 2 días en Providencia ya teníamos controladas la bebida y las playas. En cuanto a bebida, y como resumen rápido que esto se está alargando, cabe recordar: Coco Loco, servido en un coco, piña colada, deep blue, daiquiri de maracuyá, michelada caribeña y la tan apreciada limonada de Coco que Marina y Julia han probado por tierra y por mar como decíamos, arrastrando a su consumo a parte de los oceánicos (la limonada al estilo topodiving se hace con crema de coco bien batida, jugo de limón, azúcar, hielo picado y un poquito de hierbabuena).
Lo que no habíamos entendido aún es cómo se hace una barbacoa en una playa de Providencia: teníamos la experiencia de Costa Rica, con Chris, al estilo alemán, y nos
emplazábamos con Malcon, al estilo jamaicano. Para empezar, habíamos quedado en la playa con él a las 18.30h, para eso de poder ver el atardecer. A las 20h aún no había llegado Malcon, así que el Topo, Joselito y Jesús cogieron las mulas y se fueron a buscarle a su casa, aprovechando que iban a echar combustible. Sin barbacoa en la playa no nos dejaba, aunque el resto de la expedición sucumbía debajo de un tejadillo en la misma playa de Almond Bay mientras caían chuzos de punta. Lo que pasó en la casa de Malcon se queda en la casa, el resto nos quedaremos con su mensaje al Topo: “Tranquilo bro. De que comen, comen”. Y así fue, palabra de Malcon. Comimos, no a las 19h- 20h como era de esperar, sino a las 21.30h, pero comimos muy bien: pargo rojo, langosta, batata, plátano, pimiento, salsa con cebolla, pimiento, hierbabuena y limón, y arroz cocinado
con coco. Esos eran los ingredientes, la mezcla y el sabor brutal. De que comen, comen y vaya si comimos.
Como diría Trini como aprendizaje: no podemos agobiarnos, hay que dejar de lado nuestro estrés, tomárselo con calma. Bailar reggae y beber una limonada de coco o cerveza local,
podríamos añadir, y aguantaríamos en Providencia una semana más, pero no veo a los Magantos pidiendo teletrabajo en esta isla...
El martes volveríamos a San Andrés. Cogeríamos las mulas y empezaría el estrés. Yo me vuelvo a Providencia, que no hay color en la carretera. Aquí hay heavy traffic y van como locos, (algo que se le pegaría a Julio, claro, en la jungla automovilística hay que conducir como los nativos o te sacan del carril). La inmersión, ni fu ni fa. Las no buzas mientras tanto se irían a la isla parque de atracciones Jonny Cay: comida, toldo en playa de arena blanca, sillas y bebidas, business total.
La cena sería en un sitio reggae de los que le gustan a Gelen, el Booby Rock, cócteles, relax con fotos para Instagram y comida local, no está mal, buen acierto del Topo. La vuelta al hotel será un momento cumbre para las mulas. Cuando ves en el Apple watch que Maganto ha escrito
Amén y conociéndole sabes que no ha sido tras una plegaria, abres entonces el móvil y lees en el chat de la oceánica un mensaje de Jesús, que va en su misma mula, y que decía previo al Amén de Joselito: “Vamos en dirección contraria. Cada uno vamos a nuestra bola”.
En ese momento Julia reacciona, pero la situación surrealista le genera carcajadas en bucle y no puede articular palabra. Situémonos. La mula del conductor Julio ha salido la primera,
queremos el mejor sitio para aparcar en la acera de nuestro hotel, que ya nos conocemos, y vamos a evitar las maniobras para no llevarnos ningún saliente de la fachada... Pero no
contábamos con la astucia del conductor Topo, quien diría para sus adentros, tirad, tirad, que ya daréis la vuelta... Tras ver los mensajes de Jesús y Maganto y percatarse de la situación, Julia sólo puede mostrar el móvil a Marina. Sebas pone vista y oído también, que estamos los 3 en línea en la parte de atrás de la mula. Julioooo!, que vamos en dirección contraria!!. 3,7km tendrían que recorrer los Topo team para ir de Booby Rock a Isla Bonita Hotel, yendo de la zona oeste al este vía sur, pasando por el atajo longitudinal. Total, 8 min en su trayecto. En cambio, los Julio team cogerían la trayectoria norte, ya no habría atajo alguno, y bordeando la isla
llegarían como media hora después, eso sí, con cara de velocidad a 25 millas por hora, fuera de la ley, yendo en contra del viento y apretando todos los dientes, a ver si así había menos rozamiento y conseguíamos ganar minutos a la llegada, porque ya no tendría remedio recibir al Topo con los brazos en jarras... Julitada al canto. Eso sí, pero por el ahorro en antidepresivos sin caducar mereció la pena y toda la tropa lo recordaría al día siguiente con una carcajada en boca.
El miércoles Julia representaría al equipo snorkeleando en la 3ª barrera coralina del mundo, con fotos y videos como evidencia, para que nadie diga que no vio mantarrayas águilas y pastinaca, langosta y bancadas de peces a tutiplén. Y tras la vuelta de inspección de las chicas por la zona comercial, bailoteo gimnástico en el hotel mientras esperábamos el regreso de los buceadores, y que le quiten lo bailao a Conni, con el animador del hotel y la canción de Karol G. que nos acompañaría en Cartagena de Indias, qué hubiera sido, si antes te hubiera conocidoooo....
Y entre museo pirata con una versión muy suigéneris de la Historia, todo ello documentado, a saber si en ChatGPT, visita a los manglares y paseíllo por la zona comercial de San Andrés, vuelta a la mula con la frase célebre del Topo a Conni: Agárrame las bolsas que me he dejado el culo un poco fuera y que el lector traduzca al ecuatoriano para ver a Conni partirse de risa.
Ya metidos en la 2ª parte de la Oceánica, el jueves empezaremos con el viaje al aeropuerto con las mulas...

...CONTINUARÁ

CRONISTA