CRÓNICA 2 de 6

MOMENTOS DE TENSIÓN

Primeros momentos de tensión en el viaje. Salida de Las Vegas hacia el Cañón acabamos de salir del hotel con todas las maletas camino de los coches cuando Reyi y Tomás se enfrascan en un diálogo que poco a poco va adquiriendo más emoción, que si yo te di las llaves del coche a ti, que no que las cogiste tú, al final Tomás reconoce que él fue el último en tenerlas, pero por mucho que las busca no las encuentra... el nerviosismos aumenta poco a poco y más a cada calzoncillo que Tomás rebusca en la recepción del hotel, que además está repleta de mesas del casino con varios jugadores. Cuando ya estamos empezando a pensar las consecuencias de la perdida y las acciones a realizar, la más coincidente la de pasar a cuchillo a Tomás, y pensando que lo de ver el Cañón iba a ser solo en foto por fin aparecieron y pudimos largarnos con algo de retraso, pero visto lo visto nos dimos con un canto en los dientes. Adiós Las Vegas.

EL GRAN CAÑÓN

Ya entiendo porqué en vez de llamarle el Cañón del Colorado le llaman el Gran Cañón. Que barbaridad, es una pasada. Recuerdo que cuando visitamos el supuesto segundo cañón más grande del mundo en Sudáfrica me pareció magnífico pero al lado de este se queda en poca cosa y eso que solo hemos visto un pequeño trocito. La verdad es que por mucho que intente explicarlo no hay forma de hacerlo, o lo ves por ti mismo o cualquier comentario, foto o vídeo se queda en una descripción insulsa. El que pueda que venga a verlo y si es posible que no se pierda el atardecer, que aunque nosotros no pudimos verlo en todo su esplendor por estar desplazándonos de un punto a otro lo que pudimos llegar a ver en una piedrita a unos centímetros de una caída brutal fue incomparable. La Romerita y Mamá Amelia, acompañadas por Vicente no paraban de resoplar cada vez que nos veían en el borde. Angelines, no paraba de decirme que no me acercara más pero cuando terminé de hacerlo se fue ella al mismo sitio. Al regreso Reyi recibió los correspondientes y merecidos azotes de su madre. Ya se donde se inspiró el creador del Correcaminos cuando el coyote se caía en un precipicio y solo se veía una mota de polvo levantar al llegar al fondo.

Una vez anochecido regresamos al pueblo donde teníamos el hotel donde cenamos en un restaurante muy típico del lugar donde pudimos contemplar el expositor más grande y más vistoso de tartas americanas en el que nos hemos recreado jamás. Ni que decir tiene que la degustación fue consistente, pero no entraremos en detalles, salvo que la tarta coconut es un pecado... y si el Dioni hubiera estado por aquí la hubiera liado porque Reyi y Vicente le comieron sin permiso el chocolate... bueno... la capa de chocolate que tenía su tarta. Hablando de comida, aquí la variedad es bastante limitada, la mayoría de los restaurantes no salen de la hamburguesa, el perrito, el sandwich, la tortilla o la ensalada. Reyera, prepárate que a tu madre te la devolvemos echa un tonel, no para de decir que ella solo quiere frutita y un yogurt, pero termina apretándose unos platazos de padre y muy señor mío, vamos que es el cachondeo generalizado del grupo, eso si, no para de reírse a pesar de sus problemas de ciática.

CAMINO DE LOS ANGELES. La Ruta 66

Lo que parecía que iba a ser un tedioso día de coche para ir hasta Los Ángeles se ha convertido en un día bastante entretenido, pues en vez de hacer las 7 horas de camino del tirón por la ruta más corta hemos cogido varios desvíos para hacer la mítica e histórica ruta 66 que cruza todo el país. Hemos entrado en un pueblo que era una reserva india, la verdad es que lo tenían todo bastante descuidado y más parecía un poblado gitano que indio.
Paramos en el típico bar de carretera americano solitario y destartalado donde además de unos cafés la camarera nos entregó unos pasaportes de la ruta 66 para ir sellando por los lugares que la recorren. Casi por casualidad, unos kilómetros más adelante nos paramos en otro lugar de lo más pintoresco y anclado en el pasado, un surtidor, taller y tienda de hace 70 años. Ya veréis las fotos... las últimas fotos que tiró la cámara de Reyi, que allí mismo, sin saber la razón, palmó fulminántemente. Nos hemos quedado sin fotógrafo oficial.
Veo que en el interior sellan los pasaportes de la ruta 66 y le digo a todos que pasen si quieren a sellarlos... al rato aparece Amelia con su pasaporte sellado... pero con el de verdad. Todavía nos estamos riendo, incluso ella, aunque tiene la duda si la detendrán las autoridades en el aeropuerto cuando se lo vean.
Unas horas después paramos a comer en un lugar que ponían unas chuletas de brontosaurio de 2 palmos, lo mejor para tener que conducir, aunque con el truco de comer pipas no hay carretera que consiga dormirnos. La Romerita se metió en el baño y al rato casi tenemos que salir del restaurante en canoa, el agua salía del water a borbotones... lo que ocurrió solo lo sabe ella, pero lo gracioso vino después, como el baño había quedado inutilizado el Romero no pudo entrar y tuvimos que ir a otro sitio. Llegamos a una gasolinera y Romerito sale corriendo al baño, cuando terminé de repostar fui yo también, era bastante grande y al entrar DIOSSSSS, que olorrrrrr, le pego una voz agónica a Tomás para decirle que si era el responsable y solo se oye una sonrisita culpable de fondo. Procedo a realizar una gran apnea y al acercarme a los urinarios me encuentro a un lugareño con la camiseta tapándose la boca y la nariz y maldiciendo en arameo, yo que me parto de risa y que tengo que inhalar ese aire terrorífico al hacerlo... hago un pis más rápido que un pit stop de Alonso y salgo del baño seguido del lugareño medio mareado. Ese tío no va a tener a los españoles en buena consideración, os lo aseguro.
Otra cosa impresionante de allí son los trenes brutales que hemos visto por el camino, con 5 máquinas y 140 vagones, con un contenedor encima del otro por vagón. Los camionazos tampoco son mancos y para adelantarlos te tiras un buen rato, porque además van a toda leche.
Llegamos a Los Ángeles sin mayores incidencias y sin demasiados atascos, pero con algo más de fresquito de lo esperado.

Volver a la página anterior