Lunes
9 de julio, de Anuradhapura a Dambulla
- “Denzil, hoy hemos decidido cambiar el autobús
por elefantes”.
- “No entiendo. ¿Cómo ser eso?
No elefantes para todos”.
- “Pero si aquí hay elefantes a mogollón.
Seguro que no es tan difícil”.
- “Autobús más seguro”.
- “Ya, pero preferimos los elefantes”.
- “¡Ohhh Buddha! Los hombres de ciencia
no se lo explican”.
Así fue como después de desayunar
dimos una pequeña vuelta en elefante
por un terreno pantanoso en el que los elefantes
se mojaron hasta la panza. Antes de comenzar
el paseo tuvimos que aprovisionarnos de plátanos
que resultaron ser el combustible de este
medio de transporte. De vez en cuando, más
bien cuando le apetecía a la señora
elefanta, se paraba, subía la trompa
por encima de la cabeza y debías obsequiarle
con un plátano, sino, hasta aquí
hemos llegado, no se movía. Al bajar
de los elefantes nos abordaron un par de reporteros
con cámara y micrófono, y le
indicaron a Denzil que querían hacernos
una entrevista que en realidad fueron dos,
ahora os lo explico. Mientras preparaban la
cámara nos atusamos la vestimenta para
que se luciera el uniforme oceánico
como es debido. Los reporteros colocaron en
el micrófono el anagrama de una cadena
de televisión y realizaron las preguntas
en cingalés a Denzil y éste
las traducía al castellano para que
fueran respondidas por el máximo dirigente
Oceánico. Terminada la entrevista cambiaron
el anagrama del micrófono por el de
otra cadena y en esta ocasión fue Almudena
la entrevistada, mientras tanto el resto de
Oceánicos rellenábamos el plano
con una marea naranja.
- “Y esto ¿Cuándo va a salir
por la tele?”
- “Mañana en el parte de la tarde,
a eso de las 20:30”.
De vuelta al autobús y reemprendemos
camino. Próxima parada un centro de
masajes ayurveda y a disfrutar de un magnífico
sobeteo. La mayoría de los expedicionarios
se sometieron voluntariamente a ser masajeados,
la minoría que no quiso disfrutar del
sobeteo esperó plácidamente
acomodados y fueron agasajados con un excelente
té de especias.
- “Oye, a tí te lo han tocado todo,
todo”.
- “Todo, todo”.
- “Bueno, entonces me dejas más tranquila”.
- “A mí me han puesto el tanga perdido
de aceite y lo llevo en el bolsillo”.
- “Guarronas”.
Camino del Parque Nacional de Minneriya paramos
a comer en un restaurante pegado a la carretera,
cerca de ningún sitio, en mitad de
la espesura (bien, estos adornos lingüísticos
son debido a que no recuerdo el nombre). Pues
eso, en este restaurante tuvimos la oportunidad
de degustar el plato estrella de la cocina
Srilankesa, el delicioso Sándwich Club
de jamón congelado. Mientras se nos
pasaban los dientes masticando el jamón
nos visitó una serpiente que apareció
de repente por un orificio de una de las columnas
de madera que sujetaban el techado del comedor.
Contentos por esta inesperada visita aprovechamos
para hacernos fotos con nuestro visitante
y, por las caras y gestos del personal del
restaurante, sospechamos que se debía
de tratar de una serpiente de dudosa reputación.
Después de comer continuamos camino
hacia el Parque Nacional de Minneriya y, una
vez en las puertas del parque, abandonamos
el autobús y nos acomodamos en varios
vehículos todo terreno e iniciamos
la travesía por el parque. Pudimos
contemplar grupos de búfalos de agua
y varios grupos de elefantes en libertad.
Los grandes machos llevan una vida solitaria,
sin embargo, las elefantas permanecen agrupadas
para sacar adelante a su prole al mando de
la elefanta más veterana. Cuando nos
encontrábamos contemplando uno de estos
grupos una elefanta consideró que nos
habíamos aproximado más de la
cuenta e inició una carrera desenfrenada
hacia los vehículos, los cuales pusieron
ruedas en polvorosa inmediatamente. La elefanta
muy cabreada, al ver que no podía dar
alcance a ninguno de los coches, nos despidió
con un impresionante barrito. Más tarde,
uno de los guardas del parque nos comentó
que esa elefanta ya poseía antecedentes
penales.
Una vez concluida nuestra visita al Parque
Nacional de Minneriya nos dirigimos al hotel
Namala Eco Resort en Kurunegala Road, muy
cerca de Dambulla. Ese hotel nos resultó
muy curioso por los numerosos detalles con
el que se pretendía dar sentido al
adjetivo Eco que forma parte de su nombre.
Los alojamientos eran grandes cabañas
dispersas en una explanada llena de árboles
frutales, el mobiliario estaba elaborado con
troncos de árboles y maderas en bruto,
y lo que no era de madera estaba hecho de
barro. Las habitaciones de las cabañas
eran inmensas, tanto, que se podía
encender la espiral repelente de insectos
sin el menor peligro de intoxicación
y además podías ducharte rodeado
de una gran variedad de fauna invertebrada.
Con todo y con eso, resultó una estancia
muy placentera, la cena y el desayuno exquisitos,
y el trato de su personal muy agradable.
Martes
10 de julio, Dambulla – Sigiriya – Polonnaruwa
– Giritale
Abandonamos
el Namala Eco Resort después de un
abundante desayuno para dirigirnos hacia Dambulla
donde visitamos el impresionante Dambulla
Rock Temple. Templo ubicado en una sucesión
de cuevas en cuyo interior se encuentran esculpidas
y pintadas numerosas estatuas y pinturas de
Buda; me repito, impresionante. A nuestra
llegada coincidimos con los niños de
un colegio que se encontraba visitando el
templo en actividad extraescolar, todos muy
guapos y guapas, inmaculados con su uniforme
blanco.
Después abandonamos Dambulla y nos
dirigimos a Sigiriya para visitar La Roca
del León, que es lo que queda del palacio
que se hizo construir el rey Kasyapa. Entramos
a los dominios del palacio atravesando unos
fosos, con su agua y todo, y continuamos caminando
hacia La Roca por una avenida rodeada de lo
que fueron exuberantes jardines acuáticos.
Llegados a la base de la roca comenzó
nuestra escalada, por delante miles de escalones.
Ascendimos por una escalera de caracol, encajada
en la pared de piedra, hasta una cueva donde
contemplamos unos frescos muy antiguos y muy
bien conservados. Una vez visitada la cueva
continuamos el ascenso hacia la roca, pasamos
por el pasillo de las paredes de espejo y
seguimos subiendo. Una ráfaga de aire
arrebató la gorra de la cabeza de Maribel
y la dejó con los pelos al aire, Tomás
cumplió como un machote y corrió
tras la gorra cuesta a bajo hasta recuperarla.
Después, cuando miraba hacia arriba,
calibró el esfuerzo que debía
realizar para recuperar todo el terreno perdido,
y se dio cuenta de la insensatez cometida;
señores, el amor es ciego. Coincidimos
con otro cole en actividades extraescolares
justo en las garras del León. El acceso
al último tramo de La Roca se realizaba
entrando por la boca abierta de un león
del que solamente quedan las garras de las
patas delanteras, y desde allí se encara
el último tramo de escaleras no apto
para los que sufren de vértigo. Bien,
pues el del vértigo nos esperó
justo aquí y el resto continuamos el
ascenso hasta la cima. La Roca del León
se eleva unos 200 metros (656,17 pies) por
encima del valle circundante; impresionantes
las vistas desde tan magnífica atalaya.
El descenso nos requirió menos esfuerzo
físico, por el camino nos encontramos
con el señor de las bichas, un tío
con una pitón y tres cobras; allí
estaba tan campante para que los turistas
se hicieran fotos con las bichas a cambio
de una propina.
De nuevo autobús, carretera y manta.
Paramos a comer en un restaurante pegado a
la carretera, cerca de ningún sitio,
en mitad de la espesura (pues eso, que tampoco
recuerdo el nombre). Los comedores de este
tipo de restaurantes están, como ya
dije, en mitad de la espesura tan solo protegidos
por un techado, este restaurante disponía
de un pequeño buffet al que le dimos
lo suyo obligando a los camareros a reponer
existencias varias veces, especialmente de
papadums.
Por la tarde arribamos en las ruinas arqueológicas
de Polonnaruwa. Visitamos el museo y distintos
lugares de interés arqueológico
como Thuparama, Gal Vihara y otros lugares
con nombres complicadísimos. A destacar
las preciosas Sadakada Pahama (Moon Stone)
y sus complicados significados que invitan
a subir las escalinatas que acceden a los
templos; también el Buda yacente de
Gal Vihara con sus 14 metros (15,31 yardas)
de longitud. Sólo puedo decir: “Otro
lugar impresionante”.
- “Deprisa, deprisa, al autobús que
hay que llegar al hotel Giritale antes del
parte para vernos en la tele”.
Muy bueno este hotel, creo que todos coincidimos
en declararle el mejor hotel de toda nuestra
gira. Después de tomar las habitaciones,
unos se acomodaron en un salón exterior
con televisión al lado de la piscina
donde otros disputábamos un reñidísimo
partido de waterpolo España – Francia.
Empate en el marcador, Francia volcada en
un fiero ataque, disparo durísimo a
puerta y espectacular intervención
del Gatu de Giritale (también conocido
como de La Restiga) y el balón que
sale despejado por la línea de fondo,
sobrepasa la vaya de la piscina y cae sobre
los tejados de las habitaciones del nivel
inferior. Lo perdimos para siempre.
- “Venga lo dejamos en empate”.
- “d'accord. España y Francia misma
cosa”.
- “¿Nos intercambiamos las camisetas?”.
- “¡Pero qué camisetas! Esto
es waterpolo”.
- “¡Anda coño!”.
- “¡Chicos, chicos! Que estamos saliendo
en la tele”.
Abandonamos la piscina cual basilisco cabreao
y chorreando delante del televisor vimos la
entrevista de Almu; fue corto y no entendimos
ni papa, pero Topodiving estaba allí
y todo Sri Lanka pudo verlo.
Después de la cena nos acomodamos en
los sillones del salón exterior a disfrutar
del fresco de la noche y de las magníficas
vistas que desde allí teníamos
del Parque Nacional de Minneriya y de su gran
lago. Y así fue como dimos carpetazo
a otro intenso y estupendo día.
Miércoles
11 de julio, de Giritale a Kandy con parada
en Matale
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