Del 06 al 22 de julio
Maldivas y Sri Lanka


CRÓNICA DE OCEÁNICA 2.007

2ª ENTREGA

Lunes 9 de julio, de Anuradhapura a Dambulla

- “Denzil, hoy hemos decidido cambiar el autobús por elefantes”.
- “No entiendo. ¿Cómo ser eso? No elefantes para todos”.
- “Pero si aquí hay elefantes a mogollón. Seguro que no es tan difícil”.
- “Autobús más seguro”.
- “Ya, pero preferimos los elefantes”.
- “¡Ohhh Buddha! Los hombres de ciencia no se lo explican”.
Así fue como después de desayunar dimos una pequeña vuelta en elefante por un terreno pantanoso en el que los elefantes se mojaron hasta la panza. Antes de comenzar el paseo tuvimos que aprovisionarnos de plátanos que resultaron ser el combustible de este medio de transporte. De vez en cuando, más bien cuando le apetecía a la señora elefanta, se paraba, subía la trompa por encima de la cabeza y debías obsequiarle con un plátano, sino, hasta aquí hemos llegado, no se movía. Al bajar de los elefantes nos abordaron un par de reporteros con cámara y micrófono, y le indicaron a Denzil que querían hacernos una entrevista que en realidad fueron dos, ahora os lo explico. Mientras preparaban la cámara nos atusamos la vestimenta para que se luciera el uniforme oceánico como es debido. Los reporteros colocaron en el micrófono el anagrama de una cadena de televisión y realizaron las preguntas en cingalés a Denzil y éste las traducía al castellano para que fueran respondidas por el máximo dirigente Oceánico. Terminada la entrevista cambiaron el anagrama del micrófono por el de otra cadena y en esta ocasión fue Almudena la entrevistada, mientras tanto el resto de Oceánicos rellenábamos el plano con una marea naranja.
- “Y esto ¿Cuándo va a salir por la tele?”
- “Mañana en el parte de la tarde, a eso de las 20:30”.
De vuelta al autobús y reemprendemos camino. Próxima parada un centro de masajes ayurveda y a disfrutar de un magnífico sobeteo. La mayoría de los expedicionarios se sometieron voluntariamente a ser masajeados, la minoría que no quiso disfrutar del sobeteo esperó plácidamente acomodados y fueron agasajados con un excelente té de especias.
- “Oye, a tí te lo han tocado todo, todo”.
- “Todo, todo”.
- “Bueno, entonces me dejas más tranquila”.
- “A mí me han puesto el tanga perdido de aceite y lo llevo en el bolsillo”.
- “Guarronas”.
Camino del Parque Nacional de Minneriya paramos a comer en un restaurante pegado a la carretera, cerca de ningún sitio, en mitad de la espesura (bien, estos adornos lingüísticos son debido a que no recuerdo el nombre). Pues eso, en este restaurante tuvimos la oportunidad de degustar el plato estrella de la cocina Srilankesa, el delicioso Sándwich Club de jamón congelado. Mientras se nos pasaban los dientes masticando el jamón nos visitó una serpiente que apareció de repente por un orificio de una de las columnas de madera que sujetaban el techado del comedor. Contentos por esta inesperada visita aprovechamos para hacernos fotos con nuestro visitante y, por las caras y gestos del personal del restaurante, sospechamos que se debía de tratar de una serpiente de dudosa reputación.
Después de comer continuamos camino hacia el Parque Nacional de Minneriya y, una vez en las puertas del parque, abandonamos el autobús y nos acomodamos en varios vehículos todo terreno e iniciamos la travesía por el parque. Pudimos contemplar grupos de búfalos de agua y varios grupos de elefantes en libertad. Los grandes machos llevan una vida solitaria, sin embargo, las elefantas permanecen agrupadas para sacar adelante a su prole al mando de la elefanta más veterana. Cuando nos encontrábamos contemplando uno de estos grupos una elefanta consideró que nos habíamos aproximado más de la cuenta e inició una carrera desenfrenada hacia los vehículos, los cuales pusieron ruedas en polvorosa inmediatamente. La elefanta muy cabreada, al ver que no podía dar alcance a ninguno de los coches, nos despidió con un impresionante barrito. Más tarde, uno de los guardas del parque nos comentó que esa elefanta ya poseía antecedentes penales.
Una vez concluida nuestra visita al Parque Nacional de Minneriya nos dirigimos al hotel Namala Eco Resort en Kurunegala Road, muy cerca de Dambulla. Ese hotel nos resultó muy curioso por los numerosos detalles con el que se pretendía dar sentido al adjetivo Eco que forma parte de su nombre. Los alojamientos eran grandes cabañas dispersas en una explanada llena de árboles frutales, el mobiliario estaba elaborado con troncos de árboles y maderas en bruto, y lo que no era de madera estaba hecho de barro. Las habitaciones de las cabañas eran inmensas, tanto, que se podía encender la espiral repelente de insectos sin el menor peligro de intoxicación y además podías ducharte rodeado de una gran variedad de fauna invertebrada. Con todo y con eso, resultó una estancia muy placentera, la cena y el desayuno exquisitos, y el trato de su personal muy agradable.

Martes 10 de julio, Dambulla – Sigiriya – Polonnaruwa – Giritale

Abandonamos el Namala Eco Resort después de un abundante desayuno para dirigirnos hacia Dambulla donde visitamos el impresionante Dambulla Rock Temple. Templo ubicado en una sucesión de cuevas en cuyo interior se encuentran esculpidas y pintadas numerosas estatuas y pinturas de Buda; me repito, impresionante. A nuestra llegada coincidimos con los niños de un colegio que se encontraba visitando el templo en actividad extraescolar, todos muy guapos y guapas, inmaculados con su uniforme blanco.
Después abandonamos Dambulla y nos dirigimos a Sigiriya para visitar La Roca del León, que es lo que queda del palacio que se hizo construir el rey Kasyapa. Entramos a los dominios del palacio atravesando unos fosos, con su agua y todo, y continuamos caminando hacia La Roca por una avenida rodeada de lo que fueron exuberantes jardines acuáticos. Llegados a la base de la roca comenzó nuestra escalada, por delante miles de escalones. Ascendimos por una escalera de caracol, encajada en la pared de piedra, hasta una cueva donde contemplamos unos frescos muy antiguos y muy bien conservados. Una vez visitada la cueva continuamos el ascenso hacia la roca, pasamos por el pasillo de las paredes de espejo y seguimos subiendo. Una ráfaga de aire arrebató la gorra de la cabeza de Maribel y la dejó con los pelos al aire, Tomás cumplió como un machote y corrió tras la gorra cuesta a bajo hasta recuperarla. Después, cuando miraba hacia arriba, calibró el esfuerzo que debía realizar para recuperar todo el terreno perdido, y se dio cuenta de la insensatez cometida; señores, el amor es ciego. Coincidimos con otro cole en actividades extraescolares justo en las garras del León. El acceso al último tramo de La Roca se realizaba entrando por la boca abierta de un león del que solamente quedan las garras de las patas delanteras, y desde allí se encara el último tramo de escaleras no apto para los que sufren de vértigo. Bien, pues el del vértigo nos esperó justo aquí y el resto continuamos el ascenso hasta la cima. La Roca del León se eleva unos 200 metros (656,17 pies) por encima del valle circundante; impresionantes las vistas desde tan magnífica atalaya. El descenso nos requirió menos esfuerzo físico, por el camino nos encontramos con el señor de las bichas, un tío con una pitón y tres cobras; allí estaba tan campante para que los turistas se hicieran fotos con las bichas a cambio de una propina.
De nuevo autobús, carretera y manta. Paramos a comer en un restaurante pegado a la carretera, cerca de ningún sitio, en mitad de la espesura (pues eso, que tampoco recuerdo el nombre). Los comedores de este tipo de restaurantes están, como ya dije, en mitad de la espesura tan solo protegidos por un techado, este restaurante disponía de un pequeño buffet al que le dimos lo suyo obligando a los camareros a reponer existencias varias veces, especialmente de papadums.
Por la tarde arribamos en las ruinas arqueológicas de Polonnaruwa. Visitamos el museo y distintos lugares de interés arqueológico como Thuparama, Gal Vihara y otros lugares con nombres complicadísimos. A destacar las preciosas Sadakada Pahama (Moon Stone) y sus complicados significados que invitan a subir las escalinatas que acceden a los templos; también el Buda yacente de Gal Vihara con sus 14 metros (15,31 yardas) de longitud. Sólo puedo decir: “Otro lugar impresionante”.
- “Deprisa, deprisa, al autobús que hay que llegar al hotel Giritale antes del parte para vernos en la tele”.
Muy bueno este hotel, creo que todos coincidimos en declararle el mejor hotel de toda nuestra gira. Después de tomar las habitaciones, unos se acomodaron en un salón exterior con televisión al lado de la piscina donde otros disputábamos un reñidísimo partido de waterpolo España – Francia. Empate en el marcador, Francia volcada en un fiero ataque, disparo durísimo a puerta y espectacular intervención del Gatu de Giritale (también conocido como de La Restiga) y el balón que sale despejado por la línea de fondo, sobrepasa la vaya de la piscina y cae sobre los tejados de las habitaciones del nivel inferior. Lo perdimos para siempre.
- “Venga lo dejamos en empate”.
- “d'accord. España y Francia misma cosa”.
- “¿Nos intercambiamos las camisetas?”.
- “¡Pero qué camisetas! Esto es waterpolo”.
- “¡Anda coño!”.
- “¡Chicos, chicos! Que estamos saliendo en la tele”.
Abandonamos la piscina cual basilisco cabreao y chorreando delante del televisor vimos la entrevista de Almu; fue corto y no entendimos ni papa, pero Topodiving estaba allí y todo Sri Lanka pudo verlo.
Después de la cena nos acomodamos en los sillones del salón exterior a disfrutar del fresco de la noche y de las magníficas vistas que desde allí teníamos del Parque Nacional de Minneriya y de su gran lago. Y así fue como dimos carpetazo a otro intenso y estupendo día.

Miércoles 11 de julio, de Giritale a Kandy con parada en Matale

ENTREGA SIGUIENTE >>>>>>

 

<<<<<< ENTREGA ANTERIOR