Al
encuentro del monzón
(por Barran)
Monzón,
término que viene del árabe
mawsam: estación, temporada (particularmente
la propicia para navegar por haber vientos
favorables). En el diccionario de la RAE se
define monzón como: Viento periódico
que sopla en ciertos mares, particularmente
en el océano Índico, unos meses
en una dirección y otros en la opuesta.
En el sur de Asia existen dos monzones: el
monzón del noreste y el monzón
del suroeste. El monzón del noreste
comienza habitualmente en octubre y el monzón
del suroeste comienza en junio y se caracteriza
por grandes lluvias.
Oceánica,
sin embrago, es un término que proviene
de una lengua extraña solamente entendida
por un selecto grupo de entes, mayoritariamente
buceadores, que les importa un comino el monzón
que les toque cuando visitan Asia. ¡¡Así
es el Espíritu Oceánica!! Y
este un nuevo capítulo…
…Oceánica
2007 y el monzón del suroeste
Viernes
6 de julio (víspera de San Fermín)
En
esta ocasión el lugar de la cita fueron
los mostradores de Qatar Airways en la T1
a las 20:00 horas. Poco a poco, y puntuales
a la cita, fueron apareciendo todos los miembros
de la expedición. Una vez que toda
la plana Oceánica estuvo completa nos
enfrentamos decididos y confiados al mostrador
de facturación (este año hemos
conseguido que nos regalen un exceso de 2
kilos por billete para limar el posible sobrepeso
de nuestros equipajes); que todo el mundo
saque su pasaporte y a facturar.
- “¡2 kilos! Podemos pasarnos 2 kilos.
¿Pero, no eran 12?”
- “Bueno no creo que pase nada si te pasas
un par de kilos más”.
- “Un par de kilos más, que cachondo”.
La mayoría de nuestros equipajes sobrepasaban
el peso estipulado y algunos con creces, el
empleado de facturación iba poniendo
caritas cada vez que subíamos un nuevo
maletón a la cinta. Hubo incluso que
aligerar la carga de alguno y repartirla entre
los que llevaban hueco en los equipajes de
mano, pero sólo en aquellos que pasaban
de los 30 kilos.
- “¡Qué barbaridad! ¿Qué
lleváis?”
- “Pues nada del otro mundo, serán
los juguetes que llevamos para regalar a los
niños”.
- “Venga ya hombre, que no cuela”.
- “Pues yo llevo hasta unos bigudíes
por si me da por hacerme la permanente”.
- “Que quede claro que el único que
tiene licencia de sobrepeso es Repuestos Tapias
por el servicio que presta a esta nuestra
comunidad buceadora”.
Después de algunos ajustes conseguimos
facturar los equipajes, ¡Prueba superada!
Ahora llega el turno de las tiernas despedidas
de los enamoriscados oceánicos que
dejaban a sus parejas en tierra, y es que
Oceánica endurece los corazones porque
este año ni una lágrima se derramó
en la despedida. En fin, corramos sobre este
tema un tupido velo.
Una vez despachados a los amigos, familiares
y churris, que tan amablemente nos habían
acercado hasta el aeropuerto, nos dispusimos
a buscar nuestra puerta de embarque. Ya en
la zona de embarque, y como no puede ser de
otra manera dimos buena cuenta de la tradicional
ración de ibéricos, esa costumbre
tan arraigada en la cultura Oceánica.
Llegados a este punto y con la andorga llena
(como diría un viejo conocido de estas
crónicas) habrá que hacer algo
para matar el tiempo ya que hasta las diez
y pico no embarcamos. Rápidamente Barran
desenfundó la indiaka y acto seguido
todos los oceánicos se fueron animando
a mostrar sus habilidades con la pelotita
con plumas. Fue entonces cuando surgiendo
de la nada como un trueno en la noche, como
un fantasma en la oscuridad… Apareció:
- “¿Será un pájaro?”
- “¿Será un avión?”
- ¡Es el Martillo de Maputo!
Primera y única intervención
del Martillo de Maputo; una elevación
magnífica armando el brazo para el
remate, un alarde de destreza en la ejecución,
y por fin, el remate final. La indiaka sale
de su golpeo con una velocidad endiablada,
sobrepasa volando al resto de oceánicos
que siguen con la mirada la trayectoria de
su vuelo incapaces de alcanzarla, y con la
precisión de un misil exocet, impacta
en la cabeza de una guiri que plácidamente
permanecía sentada mientras esperaba
el embarque de su vuelo. Se hizo el silencio,
Barran enfundó la indiaka en su estuche
con la misma celeridad con la que hacía
unos instantes la había desenfundado.
Después, mientras el resto de oceánicos
se tronchaban con risas mal contenidas, el
Martillo de Maputo se disculpó amablemente.
En estas estábamos cuando los Haribos
hicieron acto de presencia, y entre Haribo
va y Haribo viene, llegó la hora del
embarque. Embarcamos sin ninguna novedad digna
de mención e iniciamos vuelo hacia
nuestro próximo destino: Aeropuerto
Internacional de Doha, en Qatar.
Sábado
7 de julio de 2007 (San Fermín)
Despegamos
el viernes de Barajas y aterrizamos el sábado
en Doha después de, aproximadamente,
unas 6 horas de vuelo. Impresionante aeropuerto
el de Doha, construido a lo grande y sin miramientos
(es lo que tienen los petrodólares),
gestiona infinidad de vuelos al día
ya que actúa de puerta de entrada hacia
los destinos del continente asiático.
- “¿Bueno, y aquí qué
hora es?”
- “Pues dos más que en España”.
- “¿Sólo?”
- “Claro. Es que es España estamos
a GMT+2”.
- “Ahh”.
Se mató el tiempo como se pudo durante
las 3 horas que permanecimos en el aeropuerto
hasta la salida de nuestro próximo
vuelo. Embarcamos según el horario
previsto y emprendimos vuelo hasta nuestro
destino final: el aeropuerto de Negombo en
Sri Lanka.
De nuevo nos encontramos sentados en un avión
y por delante otras 6 horitas de vuelo. Llegamos
sin complicaciones a Negombo, recuperamos
todos los equipajes, cambiamos dinero en el
mismo aeropuerto, disfrutamos de las primeras
friegas de Relec y flipamos con las tiendas
de electrodomésticos (como lo oyen,
te podías comprar un combi o un lavavajillas
sin salir del aeropuerto).
- “¿Y, aquí qué hora
es?”
- “Serán 3 más que en España”.
- “No, son 4”.
- “Pues ni 3 ni 4. Son 3 horas y media más
que en España”.
- “Qué raro”.
Salimos del aeropuerto y allí estaba
Denzil esperándonos, nuestro guía
durante la estancia Oceánica en Sri
Lanka. Una vez realizadas las presentaciones
de rigor nos encaminamos hacia el autobús
que Topodiving tenía reservado para
la expedición Srilankesa. Encajamos
con calzador los maletones en el maletero
del autobús y aun así hubo que
subir alguno al habitáculo. Una vez
hubimos estibado el autobús nos dirigimos
hacia las oficinas centrales de la agencia
y allí dejamos los maletones de buceo
hasta nuestro regreso de la ruta. Y así,
ligeros de equipaje, es como comienza nuestra
aventura por tierras de Sri Lanka. De nuevo
al autobús, nuestro próximo
destino es el hotel Colombo City donde cenaremos
y pasaremos la noche, nuestra primera noche
en Sri Lanka. Según nos acercábamos
al centro de la ciudad observamos que íbamos
atravesando múltiples anillos de seguridad
y es que el hotel estaba situado cerca de
la residencia presidencial. Después
de tomar posesión de nuestros aposentos
nos enfrentamos por primera vez a la cocina
Srilankesa y sobre este tema ha habido opiniones
para todos los gustos, para gustos que gustan
de la comida picante y para gustos que no
gustan tanto de la misma. Lástima que
el comedor no estuviera operativo, estaba
sufriendo una reforma, y hubo que hacerlo
en una habitación habilitada para hacer
las veces de comedor.
Domingo
8 de julio, de Colombo a Anuradhapura (pasando
por Pinnawela)
Tras
una reponedora noche de descanso, en una cama
de verdad, encaramos contentos el primer madrugón
con cánticos de felicitación
para un insigne Oceánico.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “Te deseamos Dino”.
- “Cumpleaños Feliz”.
- “¡Bieeeennnnnn!”.
Desayuno, autobús y rumbo a Pinnawela
para visitar el orfanato de elefantes. Por
el camino paramos en un puesto de frutas y
rambután para todos. Degustamos por
primera vez esta fruta que resultó
ser como una uva gigante con el hueso de un
níspero en su interior, todo ello recubierto
de una suave cáscara roja llena de
pelos también rojos; muy rica.
Impresionante el hartón de elefantes
que nos dimos, ninguno habíamos visto
jamás tanto elefante junto. Así
pasamos la mañana, observando a los
elefantes en la hora de su baño y pudimos
tocarlos y hasta ofrecerles de comer de nuestras
propias manos.
Después nos fuimos al hotel Nuwarawewa
Rest House, muy cerca de Anuradhapura, donde
tomamos posesión de nuestros aposentos
y comimos. Acto seguido de la pitanza salimos
zumbando a visitar nuestro primer templo budista,
creo que en Isurumuniya. Después el
segundo en Adhayagiri, la dagoba más
grande de la isla, tan grande que compite
en tamaño con la pirámide de
Micerinos. A estas alturas ya empezábamos
a hacernos verdaderos líos con los
nombres de las localidades y de los templos.
El siguiente templo que visitamos era distinto,
no se trataba de una dagoba sino de un recinto
amurallado que daba cobijo a un magnífico
ejemplar de Ficus Religiosa, sagrado para
la comunidad budista; se trataba del templo
Sri Maha Bodhi. Pero todavía hubo más,
después de visitar el Sri Maha Bodhi
nos dirigimos a pie hasta otra dagoba gigantesca
que estaba defendida por cientos de bustos
de elefantes esculpidos en el muro que la
rodeaba, la Dagoba de Ruvanveli.
El día no acabó aquí,
entre descálzate y vuelve a calzar,
todavía quedó tiempo para acercarnos
a saludar a Samadhi Buddha, una estatua antiquísima
en la que Buda presenta un semblante ni triste
ni alegre, sino todo lo contrario, es decir,
un estado de gran serenidad y paz interior
que invita a la meditación. Y vuelve
a calzarte los borceguíes para llegar,
con apenas luz solar, a la última visita
del día donde contemplamos dos estanques
piscina que, en la antigüedad, usaban
los monjes de un monasterio adyacente para
las purificaciones.
Cansadillos pero contentos, por un día
tan intenso, regresamos al hotel para cenar
y tras una breve tertulia nos acostamos para
reponer fuerzas de cara al nuevo día.
Lunes
9 de julio, de Anuradhapura a Dambulla
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