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Expedicionarios
Mercedes

Por tierras africanas

Autor: Juanra
Archivo: Barran
¡Quítamelo, Quítamelo...!

Empieza una nueva fase del viaje. Pero a pesar de la satisfacción que sentimos de haber explorado con éxito esta nueva faceta de los viajes de oceánica, los grandes safaris, nos quedan todavía grandes aventuras que correr, lugares por descubrir y zonas submarinas que explorar: Inhambane (Mozambique).

Miércoles 16 de agosto de 2006

Nuevamente nos levantamos medio a rastras sin saber ni donde estábamos. Hasta que tomamos conciencia de quien es nuestro/a compañero de habitación, en algunos casos; y hasta que vimos como la camiseta de oceánica ya andaba sola por la habitación, en otros. Iba a ser un día duro. Teníamos por delante muchos kilómetros por carreteras (¿?) inexploradas por los oceánicos. Así que desayunamos aguachirri y un bollo revenío en el espléndido buffet del VillaMagna y a casa de Maria a por la comida y los maletones del buceo que habíamos dejado allí días atrás. Entre vuelta a la manzana y vuelta a la manzana que dimos mientras los guías se centraban, pasamos por una panadería y la organización la asaltó al grito de “¡PALMERAAAAAS!”. Mientras otros ensayaban el cambio y el regate con un chaval que vendía ramilletes de plátanos.

500 kilómetros de carreteras/pistas y no dejamos de ver gente por ellas. Deben ser el único medio de comunicación entre las aldeas. Y entre las casas. Acabamos con agujetas de saludar a los niños que vimos de camino a las escuelas (casi todos con uniforme), guiados por los que suponíamos eran los profesores. No parece ser una tierra pobre, al menos la parte que conocimos. Había cultivos, ganado, no vimos miseria ni harapos y los niños, casi todos, estaban escolarizados, y la mayoría vestía un uniforme que les hacía ir más impolutos que muchos niños europeos. Los coches estaban sedientos y nosotros, también. Así que una parada para airear los bajos (y descargarlos también) y cargar combustible. Costó encontrar una gasolinera con gasolina “sem chumbo”. Salimos del coche agarrotados y con los riñones como los ciclistas después de hacer la etapa reina de la montaña. Poco a poco se enderezaron y las rodillas de Oli dejaron de presionar su mentón. De repente, la alarma de una pick-up empezó a sonar. Nos acercamos con nuestras botellas de agua y nuestros zumbadores de mosquitos como única arma esperando encontrar a alguien husmeando en el coche. Pero no. Era Cepe, que estaba con los brazos en cruz, con la carpeta de la ruta en una mano, el cronometro en la otra y dando cabezazos al volante, haciendo sonar el claxon con cada golpe: Hiperventilaba. Cuando se hubo calmado, logró explicarnos que se nos haría de noche por estas carreteras de Dios sin haber llegado a Inhambane, gracias a la gente que no quiso madrugar más ese día. Y así fue. El copiloto y el piloto de cada coche estaban muy compenetrados, como mostraba el hecho de que con una sola palabra podían comunicar una gran cantidad de información. Por ejemplo: Si el copiloto decía “¡Cuneta!”, acompañado de un levantamiento del brazo izquierdo hacia su boca, y de la pierna del mismo lado para proteger los genitales, significaba “Ten en cuenta que estás en un país que ha tenido cierta influencia anglosajona y ese es el motivo de que aquí se conduzca por la izquierda. Y dado que en España conducimos por la derecha, y tu no estás acostumbrado a hacerlo por la izquierda, ten cuidado y se mas prudente conduciendo y no te arrimes tanto a la izquierda HIJOLAGRANPUTA, que me voy a comer un árbol”. Sin embargo, los últimos kilómetros fueron de gran tensión, porque a las palabras pactadas entre el piloto y el copiloto, como “¡cuneta!”, “¡mediana!” o “¡rotonda!”, hubo que añadir sobre la marcha otra:
“¡Moreno!”, que dicho por el copiloto y acompañada de un giro de cabeza hacia el otro lado mientras cerraba con fuerza los ojos, significaba algo así como: “Ten en cuenta que es de noche y que los lugareños de por aquí son de color oscuro y de noche se ven muy mal, y esas lucecitas blancas que ves aparecer y desaparecer, no son luciérnagas sino los ojos desorbitados de los pobres viandantes a los que estás deslumbrando y no los despeinas con el espejo, HIJOLAGRANPUTA, porque tiene el pelo muy rizado.”
Por fin llegamos a Inhambane. Dimos una vuelta de despiste por la “ciudad”, por si nos seguían, y enseguida los guías encontraron el camino de tierra que nos llevaría a nuestra residencia de los próximos días: Barra Lodge

Hicimos los trámites en la recepción, y tomamos posesión de nuestra megacabaña para 16 personas. Que putada que fuéramos 18. Así que dos de nosotros se tuvieron que ir a una habitación en la cabaña de al lado. Nos separaban los servicios. Nos acicalamos un poco, nos dimos un repaso con el desodorante para tapar un poco el olor de todo día, unas friegas de Relec, separamos los bártulos de viaje de los bártulos de buceo y nos fuimos al centro de buceo, a que nos leyeran la cartilla (la de buceo). Después de presentar los seguros, y de que Vicente les convenciera de que había estado trabajando en la marina quitando minas en el golfo pérsico, y que por eso no tenia libro de inmersiones, colocamos etiquetas en nuestros equipos, para que los operarios del centro de buceo los mantuvieran juntos. Nos fuimos a la cama sin cenar porque no me acuerdo donde coño lo hicimos, así que ese día no cenamos. Porque un oceánico es capaz de resistir lo que sea. (Nota. Juanra estas agilipollao, todavía me duelen las manos de hacer sandwich mixtos, casi 40 llegamos a comernos, creo que para decir que no cenamos...).

Jueves 17 de agosto de 2006

Era el gran día: Nuestro primer día de buceo. Todos estábamos nerviosos y ajetreados.
- ¡Que ya voy, Hostias!
- ¡Que no quiero más crema solar!
- Ya lo se. Lo he tirado yo. ¿Te molesta que esté en suelo?
- ¡Va sin la camiseta! ¡Va sin la camiseta! ¡Juiiiiicioooo! ¡Juiiiiicioooo!
- ¡Que te pires!
- ¡Que vuelva el Jhony!, ¡Que vuelva el Jhony! Jhony’s return!

Nos enfundamos los trajes, y Vicente tuvo que hacer horas haciendo pequeñas reparaciones. Parecía una abuela el día de la boda de su nieta, solo que en vez de aguja e hilo llevaba llave allen y Sicadur. El descontrol era considerable, y lo fue durante varias inmersiones hasta que aprendimos que cuando algo te faltaba tenías que ir a preguntar a Loreto, que ella sabia donde estaba… Una vez embutidos en el neopreno, nos hicieron un brifin de esos, traducido por Fernando, y ¡ala! a bucear. Nos acercamos a la playa en un todo terreno, que debió pertenecer a Livingstone, el de supongo. Había que tener cuidado al apoyarse porque las chapas del coche estaban roídas por la famosa carcoma del metal de Inhambane. Llegamos a la playa y nos dijeron que bajáramos. Lo hicimos pensando que el coche había pasado a mejor vida porque no veíamos el embarcadero por ningún lado. Hasta que reparamos en que los dos barcos que nos llevarían a bucear estaban varados en la playa. Efectivamente, tal y como empezábamos a sospechar había que dar la vuelta a los barcos en la arena y empujarlos hacia el agua.

- ¡Su puta madre!
- Esto no nos lo habían contado.
- Jose, ¿esto estaba pagado?
- ¡Uy!, se me ha olvidado el jacket. Ya si eso ir dándole la vuelta que ahora vuelvo.

Durante la inmersión, Jose vio su primer pez cocodrilo. A los demás no nos impresionó mucho porque los vimos a miles los dos años de las oceánicas del Mar Rojo. Y al final de la inmersión, unos atisbaron la silueta de un tiburón ballena, mientras que Cepe afirmó haberse tenido que apartar para no ser engullido por su enorme boca come-plancton.Entre comentarios y risas, llegamos al embarcadero invisible, y aprendimos una nueva modalidad de atraque, consistente en enfilar hacia la costa, empujar el mango del acelerador del barco hasta que se salía del eje, y pegar un empellón contra la arena mientras levantaban las hélices. Obviamente nosotros acabamos con el morro hundido en la espalda del que iba delante, y el que iba primero con el morro hundido en el culo del patrón, que el cabrón, descalzo, con esas plantas que parecían las de los hobits, ni se meneó. Volvimos algo cansados, pero nos recuperamos con una siestecilla antes de la siguiente inmersión. Volvimos de la segunda inmersión con la cabeza como un bombo, y con dolor de oídos. Pero curiosamente todo era producido por la primera inmersión y no por la que acabábamos de hacer: Era Cepe que no paraba de incrementar el tamaño de su tiburón ballena. Estábamos bastante cansados. Así que cena y camastro.

Viernes 18 de agosto de 2006

Segundo día de buceo. Las cosas iban estando en su sitio, y las cabezas más centradas. Y si no encontrabas las cosas, ya te decía Loreto donde tenías que buscarlas. Otra inmersión de combate: Mar bastante picado, bastante corriente, y bajada a toda hostia al fondo. JuanRa tuvo problemas con el oído y perdió a su compañero y al grupo en la bajada. Bajó hasta que vio fondo, pero se cagó la pata abajo (el traje era de alquiler) al no ver a nadie y subió, hinchó la boya, y se volvió a cagar, pero esta vez en la madre que parió a los morenitos que no venían a buscarle. Las olas eran tan altas que no veía los barcos por ninguna parte. Solo vio que la costa estaba a hacer puñetas. Así que por si acaso se puso a nadar suavemente hacia la costa. Al final aparecieron. Su p%/@~a madre, ¡que descanso! Menos mal que a la vuelta vimos ballenas jorobadas. Aún así, la segunda inmersión no la hizo. El mal rollito pudo con él.

Una avanzadilla de Topodiving se acerca hasta Inhambane para abastecernos de agua, cerveza y refrescos. Fueron a dar con el tío más mafioso de Inhambane (blanco, por supuesto). Jose y Vicente se tuvieron que emplear a fondo (más de una hora) para negociar un buen precio. Debió ser buena la negociación porque regalamos agua, cerveza y cocacola el último día a los lugareños... JuanRa se dio un viaje en la sien con una chapa de un tejado bajo en un mercadillo. Después no dejó de preguntar:

- ¿Están de fiestas?
- ¿Que dices?
- ¿Y entonces esas lucecillas que hay por las calles?
- ¿Y tú quien eres?

No fue su día, porque mientras esperaba en la calle a que los fenicios acabaran la negociación metió el pie en una alcantarilla y se torció el pie. Repito, no fue su día. Una vez en la cabaña se celebró el macro-juicio “Pulga-Salazar vs Cepe, Tomás, Marina, JuanRa, Oli, Barrantas y Barran”. A los encausados se les acusaba de ver un tiburón ballena y no decir ni pío (que se jodan decían algunos de los encausados). Al final, salieron absueltos todos los acusados, salvo Cepe, que contaba con el agravante de “alevosía”, y de ensalzamiento de objetos (en concreto, de tiburón ballena que el vio. Medía ya 74 metros de largo). Su castigo fue servir a todos los oceánicos durante el día siguiente. Manu que representó al acusado Cepe, ya que este no pudo asistir por estar pegando una paliza a la almohada, hizo una buena defensa en cuanto a las formas, con muchas florituras, pero nefasta (sobre todo para Cepe) en cuanto a contenido.Cabe hacer mención especial a la alguacila África, que se dislocó la muñeca dando golpetazos en las cabezas de los alborotadores (que los había y muchos) con una botella de plástico.

Sábado 19 de agosto de 2006

Tercer día de buceo. Desayuno asistido por Cepe.

- Cepe, se me ha caído un poco de azúcar en la mesa. Recógelo.
- Cepe, ¿me remueves los cereales?
- Cepe, ¡te he dicho que la galleta, una vez mojada en la leche, tiene que quedar ni muy floja, porque se parte y se cae al cazo, ni muy tiesa, porque cruje y me da grima!

En el centro de buceo, Loreto, ya harta de que fuéramos a pedirla el material que no encontrábamos decidió repartirlo a primera hora para que no la diéramos la tabarra. Las inmersiones fueron espectaculares: mantas diablo, tiburones ballenas, estación de limpieza de mantas… Y lo mejor: Comenzábamos a sentirnos bien bajando a cholón hacia el fondo. Fue todo un descubrimiento cuando a alguien se le ocurrió que podíamos bajar siguiendo el cabo de la boya del guía. Y digo, yo, ¿cómo no lo pensamos antes…? Igual era porque cuando el instructor se tiraba al agua y ponía aletas en polvorosa hacia el fondo, nos quedábamos preguntándonos, si tenía tímpanos o implantes de acero. Dado el estado de bienestar y a la vez que de excitación en el que nos encontrábamos por todo lo que habíamos visto, decidimos por unanimidad levantar el castigo a Cepe.

También empezamos a sospechar que los morenitos no empujaban la barca, solo se apoyaban en ella, los muy h?@|s de p%/@~a.

- ¡Pero mírale, si mira para otro lado!
- No, es que se está descojonando, y mira para otro lado para que no le veamos.
- ¡Hombre!, entre los cinco alguna fuerza harán, ¿no?
- Si. La de su peso al apoyarse.

Por la tarde fuimos todos de excursión a Inhambane. Compramos fruta en el mercadillo, y estuvimos disfrutando de las terracillas. Vimos al mafioso de la tienda de bebidas. Se alegró mucho de vernos, así que creo que salimos perdiendo en la negociación del día anterior. Y después de cenar, fuimos a ver un espectáculo de bailes tribales en la playa de Barra. Dado que los beneficios de las donaciones iban a parar a una escuela, Topodiving contribuyó monetariamente e hizo disfrutar a los demás espectadores de las capacidades bailarinas de alguno de sus componentes… Una vez de regreso a la cabaña, nos vimos obligados a hacer un juicio contra la Pulga por haber tocado a un tiburón ballena. Inexplicablemente, salió inocente a pesar de que afirmó haberlo tocado. Nadie lo dice (por miedo) pero todos piensan que amenazó a los miembros del jurado.

Domingo 20 de agosto de 2006

Cuarto día de buceo. Ya estábamos metidos de lleno en la rutina. Los desayunos, los hacíamos en “nada” de tiempo. El primero que se levantaba, sigilosamente para no hacer ruido, buscaba la cacerola de la leche para calentar leche para todos, haciendo caer el resto de cacharros. Y sacaba la garrafa de leche fría de la nevera. Vamos que antes del Tarzán sonaba el despertador de la leche. Pues nada, a bucear.

Cuando el primer grupo se estaba haciendo a la mar, se oyeron voces que venían del segundo barco, aún en tierra. Por la agitación supimos que pasaba algo. Pensamos que a alguien le había pillado un pie el barco por la j#)?@da forma de meter en el barco en el agua. Así que saltamos al agua para ver qué es lo que pasaba. Según nos acercábamos lo que parecía un rumor entre las olas, se fue haciendo un grito: ¡Quítamelo! ¡Quítamelo! cuando vimos que la que chillaba era Almudena, alguno pensó que era rencillas entre Jose y algún otro, y la usaban de sparring, o alguna bromita de Jose.

- ¡Ya está! alguno se ha subido encima de ella para darle golpes a Jose.
- No. Será Jose que la está dando puntazos en el neopreno.
- Pues se ha enfadado. ¡La que se va a liar!

Cuando nos acercamos, tomamos conciencia de lo que sucedía: vimos a Almudena sin el escarpín, y a la Merimerchu dando golpes al agua con el escarpín y a los demás correr unos hacia el agua y otros hacia la playa, y los morenitos rascándose la cabeza con cara de asombro.

- Este juego es nuevo, ¿no?

Nos dispusimos también a dar gritos, a hacer aspavientos y correr de un lado a otro, incluso hubo quien intentaba agarrar a un morenito para hacer un trenecito y bailar la conga. Hasta que alguien nos dijo que había picado un escorpión a Almudena.

- ¡A tomar por culo el escorpión!
- ¡Se ha envenado fijo!

La dueña del centro de buceo llamó a la recepción y al poco llegó alguien con un coche para llevarla al hospital de Inhambane. Nos contaron que nunca les había pasado algo así. Unos pocos cogieron cuatro cosas y se fueron con el neopreno puesto a llevar a Almudena a un hospital. Llevaban el escorpión para que determinaran si la picadura era seria o no. Tuvimos que sujetar a Vicente para que no se abalanzara hacia el coche diciendo

- El escorpión lo traéis entero. ¡Lo quiero entero!

Cuando los vieron llegar al hospital todos con el neopreno, los enfermeros se descojonaban. Y cuando les preguntaron si era venenoso, ya ni se podían poner de pie: había más de 100 especies de escorpiones en la zona. Y el medico no estaba. Fueron a buscarle a su casa, y a regañadientes y refunfuñando, le llevaron al hospital. Le puso adrenalina y cortisona, y la mandó para casa, diciendo que si no se había muerto ya, no se moriría. La pobre Almudena, con la adrenalina, empezó a temblar y a delirar. Decía algo así como “¡quítamelo!, ¡quítamelo!”. Al escorpión le dio la extremaunción. Mientras, los demás suspendieron la inmersión, y esperaron a tener noticias. Por la tarde unos pocos hicieron la inmersión y otros se quedaron acompañando a Vicente en el velatorio del escorpión. Después hubo paseo por el manglar y puesta de sol emulando a los palmeros (los que suben a por cocos, no los que dan palmas) y contemplando el ocaso solar. Todos buscamos con ahínco mas escorpiones entre nuestras cosas, pero resultó ser un ser solitario. ¡Pobre!

Lunes 21 de agosto de 2006

Quinto día de buceo. Y día de buceo espectacular. Las yubartas sacan el cuerpo del agua en sus saltos, se ponen panza arriba “saludándonos” con las aletas, chapotean… todo un espectáculo.

A la vuelta, nos encontramos mar picado. Cuando los botes y empellones hacían examinar con exactitud, la marca de las griferías, los botes ya no eran tan divertidos. Todos temíamos el momento en el que un bote te hacia volar y cuando ya te encontrabas de bajada en el vuelo, pegaba otro bote que te dejaba el lomo en adobo.

Barran acabó algo perjudicado y la Barrantas tuvo que mimarle porque le molestaba hasta la vibración del antimosquitos que llevaba. Temíamos por el resto de las inmersiones del Barran. Por la tarde un grupo de intrépidos Topodivers penetra en las entrañas del manglar, sufriendo el escarnio general cuando después de meterse en el manglar alrededor de un kilómetro les llegaba el agua a las rodillas. Después contaron que habían visto muchos cangrejos y una cría de tiburón.

- ¡Ala, pírate!

Después visitamos el Flamingo Bay Water Lodge, un resort de lujo donde nos bebimos un cóctel de mierda, hecho con zumo de tetrabick de multifruta. Decidimos que un oceánico no se podía rebajar a alojarse en un sitio así y nos volvimos a nuestra ruinosa cabaña. Revolvimos todo nuevamente buscando otro escorpión para consolar a Vicente y para hacer otra broma a Almudena.

Martes 22 de agosto de 2006

Sexto día de buceo. Nos empezamos a acostumbrar a hacer esas pedazo de inmersiones.

- ¿Una manta diablo? ¿Si, pero de qué tamaño?
- ¡Yo paso!
- Fer, di a la monitora que estamos un poco hartos de ver las ballenas estas, y que a ver si puede poner unas orcas de esas que se comen focas.
Hoy habrá dos bajas: La que le dio la patada al escorpión y el que se deslomó con los botes de la barca. Rizando el rizo, la pedimos a la guía que nos lleve a puntos de inmersión de los que tienen pocas referencias y apenas han buceado. Así que con el GPS en los morros nos dirigimos a una zona poca explorada.

- ¿Y si sabe de orientación, por qué no sabe encender el GPS?
- Porque lo que trata de encender es el móvil. ¡Que no nos pase nada!
- ¿Que está buscando ballenas? Es que no para de dar vueltas.

Hasta que se hartó, paró los motores, y dijo en inglés algo así como “¡aquí mismo!”. Y pasó lo que tenía que pasar: Que vimos un bancal de arena, cuatro corales y tres peces. Al final la monitora tuvo que reconocer que no tenia ni idea de donde habíamos buceado, así que pusimos una nueva chincheta en el mapa de inmersiones: “Topo Dive Site”. Por la tarde fuimos a Tofo y a ver la playa de Dino: Dino’s Beach.

Miércoles 23 de agosto de 2006

Séptimo y último día de buceo. La futbolista buceadora y el cargador de botellas tampoco bucearon ese día. Siguiendo la tónica general de estos días, las inmersiones fueron bastante sositas: cinco o seis mantas diablo, un tiburón tigre, tres o cuatro ballenas dando unos saltos que daban miedo, peces cocodrilo y alguna langosta que ya la quisieran en algún museo de ciencias naturales.

Aunque costó, la Barrantas tuvo que hacer su inmersión número 100 sin su Barran.

- ¡Yo no hago mi número 100 sin mi Barran!
- Venga tía, que es la 100.
- Vale, ¡voy!

Y después, con todo el dolor de nuestro corazón, nos pusimos a endulzar todo el equipo. Había sido nuestra última inmersión. Loreto tardó un poco más…

- Joder, yo no tenía tanto equipo ligero…
- Tengo que controlarme cuando vaya a al tienda de buceo, tengo tres pares de guantes, dos gorros y tres aletas, todas ellas distintas. No puedo seguir así.
Después nos fuimos a celebrar una cena de confraternización de Topodiving en el buffet del Bar Beach (Almudena no asistió, y Jose se quedó dándola masajes en los pies). Florinda, nuestra amiga de labios gruesos, de la que descubrimos que no le había picado nada, nos dio tres tickets a cada uno (1º, 2º y postre). Y supervisó personalmente nuestras idas y venidas al buffet. Al principio fuimos modositos, hasta que Cepe la espetó, mientras la pedía que le sujetara 2 platos porque se le estaban cayendo

- ¡Joder! Si solo puedo ir tres veces, tendré que aprovechar los viajes

A partir de ahí, nos desmadramos, y empezamos a hacer viajes haciéndonos los tontos sin entregar los tickets. Vamos, que alguno salió rodando de lo que comió. Como pudimos, nos subimos a las literas, y a dormir por última vez en las macrocabañas.

NOTA. Es increible que el narrador se haya olvidado del juicio de Cristina, del ataque del erizo asesino y sobre todo del... MARTILLO DE MAPUTO.

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