03/02/2006
Nota:
Juanra odiaba el queso antes de este correo.
Hola
a todos.
Quiero
comunicaros, y de alguna manera haceros partícipe,
algo que va hacer que mi vida cambie.
Supongo
que es el proceso natural, el fluir de la vida,
el que produce estos cambios. Cuando aprobé
la oposición, cambio mi vida, y supongo
que lo que os voy a decir producirá otro
cambio, creo que más
importante.
Aunque
nunca me negué en rotundo, y siempre me
he mostrado abierto, pensaba que no llegaría
el momento, que no pasaría. Daba por hecho
que si tenía que pasar, pasaría,
y si no, pues tampoco me iba a quebrar la
cabeza. Pero el caso es que creo que está
ocurriendo.
Bueno,
al asunto: Resulta que hace más o menos
un mes (en Navidades) encontré un queso
que me gusta. No le di demasiada importancia porque
era un queso bastante caro, y por tanto no iba
a ser grave porque rara
vez lo iba a comer solo. Pero ayer me sorprendí,
mientras preparaba la comida, cortando un trozo
de García Vaquero, y degustándolo.
Y lo que es peor, repetí, y tuve que parar
de comer porque si no, no hubiera
comido otra cosa.
Supongo
que esto, irá a más porque ya me
lo dijo una maestra quesera: que una vez que encontrara
uno que realmente me gustara, acabarían
gustándome casi todos.
Así
que yo sigo con la mente abierta, y ya veremos
donde acaba esto.
Pues
eso, que quería compartir con vosotros
esto que me esta pasado.
Besos
y abrazos,
JuanRa.
|
05/05/2006
Tere
está sorprendida con la progresión
que estoy teniendo con el queso. En unos meses he
pasado de probarlo solo para ver si encontraba alguno
que me gustara mínimamente a gustarme varios,
y curiosamente me
gustan más los curados, con cuerpo y con
sabor algo fuerte, que los mantecosos.
Y
sin embargo este puente he conocido mis límites.
Hemos estado en la feria del queso de Trujillo.
Había que comprar tickets para probar los
quesos, y mis compañeros de cata hablaban
de comprar 3 para cada unos.
Pero yo ya estaba lanzado: Que coño 3! yo
quiero seis para mi solo! Y uno de vino! A tomar
por culo! Y allí estaba yo, oteando entre
los mostradores y preguntando a lo queseros, como
si fuera entendido, eligiendo los quesos a catar
con el chato de vino en la mano. Entre los que cogí
yo, y los bocados que probé de los que elegían
los demás, debí catar unos 12 quesos
distintos. "Esto es imparable", pensaba.
Me voy a
a dejar la nómina en quesos.
Yo,
viendo que los quesos insulsos no me iban, y que
me iba decantando por los fuertes (los suaves son
de mariconas francesas), me empecé a animar.
En esto me recomendaron un queso parduzco, con aspecto
reseco, y me dijeron los que lo probaron que estaba
de muerte. Así que me decidí a probarlo.
Dios! se me llenó la boca de un sabor terroso
(esto debe ser muy bueno para los entendidos, pero
a un neófito como yo le
provocó una mueca que asustó a la
quesera que pensó que el queso estaba en
mal estado, y que sanidad la iba a meter un puro).
Me costó tragarlo, y se quedó raspando
en la garganta como un cuarto de hora. El
quesito me jodió la cata, porque ya no me
llegaban mas sabores al paladar. Ni el vino, ni
la cerveza ni el agua consiguieron arreglarlo.
Nos
pusimos hasta el culo de queso, de hecho, yo creo
que me empaché, quizá por el último
que probé. Pero creo que esto ha sido una
llamada de atención que me ha enseñado
a que no debo confiarme y que la
progresión debe ser lenta o por lo menos
uniforme.
Vamos!
que a partir de ahora voy a ir algo mas lento en
esto del queso. Sin embargo me veo con fuerza para
empezar mi cruzada con el vino. Porque el primer
trago me parece rico, pero con los siguientes se
me
avinagra la cara y se me amaricona la voz. Es cuestión
de tiempo. Yo creo que si me tiró a los caros,
daré con el vino clave (el que conduce a
los demás) antes. Ya lo hice con el Parmesano,
y me funcionó.
A
pesar de este revés con el queso, creo que
lo superaré. De hecho me llevé unos
cuantos quesos para nosotros y para regalar, el
primer premio: Torta del Casar.
Casar
no se donde está, pero el queso que hacen,
o por lo menos el que ganó el primer premio
está de miedo, así que me llevé
4 quesos, y uno portugués. Quien me ha visto
y quien me ve. El primer sorprendido soy
yo. Espero que no sea un síntoma de madurez.
El
caso es que dice mi madre que parezco mas sentado,
pero mi padre cada vez que me ve con estos pelos
y esta barba a cachos, me llama guarro y me dice
que si no me afeito, no vuelvo a su casa a que me
cebe
mi madre. Yo creo que no es eso.
29
años tenía el quesero del primer premio,
y llevaba 3 de quesero. No se cuantos kilos tenia
el premio, pero unos cuantos. Así si que
maduro yo.
De
hecho, estaba luego en la Troya (un restaurante
típico de Trujillo) agarrado a una frasca
de vino con una mano, y a una camarera con la otra,
con los ojos vidriosos, cuando menos.
Julio,
un compañero mió, dice no puedo madurar
si no me gusta el vino, así que todavía
me falta un trecho.
JuanRa
|